Hace ya más de un año, y en un hito histórico para un
outsider del sistema político argentino, Javier Milei ganaba el Ballotage
presidencial con una orientación y un programa político de extrema derecha.
El hito dio lugar a la consternación del sistema político
en general, pero sobre todo de las fuerzas políticas del campo Nacional y
Popular, y del Peronismo en particular. (Casi) nadie de este campo político se vio
venir la bataola, pero sería injusto decir que no hubo advertencias al
respecto. Ya en el año 2021, Pablo Stefanoni hacía un análisis pormenorizado de
los peligros del avance de las derechas extremas, no solo a nivel mundial y
continental, sino también en nuestro país[1]. En aquella publicación recomendaba,
por un lado, que comencemos a tomar en serio al “antiprogresismo” y a la
“incorrección política”, puntales de lanza de la derecha extrema para construir
un nuevo sentido común en Occidente y, por el otro, llamaba la atención sobre
el fenómeno de Javier Milei y su espacio político en la Argentina.
El libro que a grosso modo intentaremos resumir en estos apuntes
puede considerarse como un primo- hermano del de Stefanoni ya que, partiendo de
algunas de sus premisas, unas semanas después del triunfo de Milei a fines del
2023, vio la luz su primera edición. No
se trata de un libro escrito a las apuradas una vez que el fenómeno político,
económico y social se impuso sobre la realidad, más bien, se trata de un libro
escrito por una serie de intelectuales académicos argentinos que venían
estudiando hace largos años la realidad económica y socio- política de la
Argentina y que vieron coincidir sus análisis y previsiones con lo que
efectivamente sucedió.
¿Cuánto más valor tienen estas publicaciones, en la medida
en que todo el conocimiento académico, forjado durante largos años de manera
individual y en equipos de trabajo, es puesto a consideración de una manera
brillante no solo a las agrupaciones políticas del campo Nacional y Popular y
del Peronismo sino también al conjunto de la sociedad?
En redes sociales, pude visualizar algunas críticas hacia
esta publicación. Varios militantes comprometidos caracterizaron al libro y a
su coordinador como “academicistas” alejados de la realidad del pueblo, cuando
en realidad, y en mi opinión, se trata del proceso inverso: la academia y el
conocimiento científico se ponen a disposición de la militancia en general y de
todos aquellos y aquellas que soñamos con un país, una región y un mundo más
justo e igualitario. Cuando el análisis es riguroso y se despoja de prejuicios
ideológicos puede causar incomodidad en aquellos y aquellas que militamos
sindicalmente o en los diferentes tipos de territorios hace años. Pero el
triunfo de Milei necesita de análisis y de diagnósticos claros que nos lleven
necesariamente a la reflexión profunda y a la autocrítica, no porque se haya
hecho todo mal, tanto el gobierno anterior como los y las que en diferente
medida lo respaldamos, sino porque es urgente corregir los errores del pasado y
los del presente, tanto en el plano del análisis como en el de la intervención
política, si en verdad pretendemos derrotar al gobierno de extrema derecha
actual y generar las condiciones para que un gobierno de orientación nacional y
popular vuelva a ser una realidad.
El objetivo primordial de estos apuntes será pasar revista
del libro que coordinó Pablo Semán “Está entre nosotros, ¿De dónde sale y
hasta dónde puede llegar la extrema derecha que no vimos venir?”[2],
tratando de rescatar sus principales aportes teóricos y reflexiones.
En segundo lugar, intentaré hacer algunas reflexiones
propias sobre el libro, señalando algunas de sus principales fortalezas y
debilidades, con el fin de seguir alimentando un diálogo necesario entre
intelectuales de este campo político, y militancias y dirigencias políticas.
Primero, Stefanoni nos marcó la cancha con el libro que
mencionaba antes, y lo escuchamos, pero no lo suficiente. Ahora, con el hecho
consumado que aquel libro nos señalaba como posibilidad, sale esta publicación
de Semán y nos tira algunas puntas para salirnos de nuestra zona de confort
intelectual y político al momento de analizar el surgimiento y eventual triunfo
de Milei y de su fuerza política. A su vez, al momento que venía encarando la
publicación de estos apuntes, salió a la luz un tercer libro, escrito por
argentinos y argentinas de nuestro campo político, que se mete de lleno en el
análisis de este fenómeno político una vez establecido en el poder[3].
Las contribuciones intelectuales de estos autores son tanto
más valorables cuando, lo admitamos o no, las militancias y las dirigencias
políticas nos encontramos en estado de shock. Al momento y al menos por ahora,
ellos y ellas son la vanguardia del movimiento Nacional y Popular, están desde
el pensamiento y la reflexión cimentando las bases para generar una resistencia
efectiva al actual gobierno y construir la alternativa política unitaria que
necesitamos. En mi opinión
nuestro deber es, en primer lugar, hacer circular las tesis e ideas de estas
publicaciones, apropiarnos de ellas, discutirlas y afinarlas y, en segundo
lugar, y de manera simultánea y estrictamente dialéctica, pasar a la acción
política, generando las instancias de resistencia efectiva en los lugares de
trabajo y en los diferentes ámbitos donde intervenimos, siempre apuntando a
convencer al masivo, sin purismos ideológicos y desde una política más
frentista que nunca. Construir
comunidad, en la reflexión y en la acción, partiendo del debate de estas
publicaciones puede ser un interesante (nuevo) punto de partida.
Los inicios en la resistencia a un gobierno de derecha
nunca se dan del mismo modo. A veces, como durante el Gobierno de Macri, la
punta de lanza la toman los movimientos sociales (en aquel momento la
resistencia la encabezaron los sectores combativos del sindicalismo
tradicional, de la economía popular y los feminismos), otras veces surgen
personalidades carismáticas que logran amalgamar el descontento social y
generan movimientos disruptivos de resistencia. Hoy, la primera piedra vino de
la academia, mientras el resto seguimos tratando de entender qué nos pasó. Y
bienvenido sea, ¿acaso no fue lo que siempre les exigimos que tuvieran, compromiso con el destino del país y con el sufrimiento del pueblo? Recojamos
el guante y, desde la militancia política, sindical, social y territorial,
demos el segundo paso efectivo de resistencia.
2. “Está entre nosotros…”, pequeña síntesis del
libro y rescate de algunos de sus principales aportes
El libro que venimos a poner a consideración está escrito
por varios autores y coordinado por Pablo Semán[4].
La introducción, titulada “La piedra en el espejo de la
ilusión progresista”, nos ofrece los conceptos y análisis nodales que
atraviesan transversalmente cada uno de los capítulos del libro. De esta
manera, el autor señala que el triunfo de Milei y de su espacio político en el
Ballotage, no es resultado simplemente del fracaso del gobierno de Alberto
Fernández, sino de una serie de gobiernos fallidos de los últimos años
(principalmente el de Mauricio Macri y el de Fernández) y que fueron acumulando
frustración y desesperanza en la mayoría de la sociedad. Las dos principales
coaliciones políticas del país (Juntos por el Cambio y el Frente de Todos), con
sus diferentes concepciones y estrategias de intervención gubernamental, no
lograron dar respuestas efectivas frente a las principales demandas sociales
(ponerle freno a las altas tasas de inflación, recuperar los ingresos de las
mayorías, encarar con efectividad la problemática de la corrupción y de la
inseguridad, y dar respuesta frente a los nuevas formas de trabajo del siglo 21,
entre otras). Una de las tesis de este libro es que esa incapacidad para hacer
frente a estas problemáticas pusieron a las fuerzas hegemónicas del sistema
político en crisis, generando de esta manera las condiciones concretas para la
aparición y eventual triunfo político de una fuerza de extrema derecha.
Desde un principio, Semán nos da una serie de advertencias
metodológicas para encarar el estudio del nuevo gobierno:
la referencia al fascismo
desenfoca en vez de ayudar: lo amenazador para la democracia no siempre tiene
la misma forma y la historia no se repite ni como farsa… Los análisis y
materiales empíricos que están en la base de este libro hablan, justamente, de
la especificidad histórica de la derecha radical y de las categorías que mejor
podrían ceñir los fenómenos en curso[5].
Asimismo, el autor nos ofrece “Seis determinaciones en
busca de entender la construcción libertaria”[6].
La primera es el factor económico, que nos los pone en una
perspectiva histórica de largo alcance, más allá de los períodos de crecimiento
y de relativa estabilidad:
Es necesario señalar
condiciones socioeconómicas que han modificado profundamente la estructura y la
dinámica social. El Rodrigazo en 1975, la crisis hiperinflacionaria de 1989, la
bancarrota de 2001 y los años acumulados de estancamiento e inflación desde
2012 son apenas algunos hitos de un recorrido complejo y desalentador[7].
En segundo lugar, se señala el papel de las distintas
modalidades de interacción social, diferentes y complementarias de los sistemas
tradicionales de comunicación política:
Han creado una alternativa a
los sistemas tradicionales de comunicación política, sea a la relación cara a
cara como al vínculo con la dirigencia a través de los medios masivos de
comunicación[8].
En tercer lugar, se señala que mutó el vínculo entre el
Estado y la Sociedad:
Todo sucede como si el alcance
del Estado- más allá de las competencias de los gobernantes e incluso de sus
orientaciones- hubiese disminuido de forma tal que cala en la sociedad de una
manera mucho menos profunda y directiva que la que conocimos o creíamos
efectiva durante buena parte del siglo XX[9].
En cuarto lugar, el autor señala que “si bien la decepción,
la desesperanza y la crítica de los ciudadanos (votantes o no) a los distintos
partidos políticos son generalizadas, se advierte un cuestionamiento más
marcado al peronismo”[10].
En esta determinación se profundiza sobre la crítica al
peronismo de sectores sociales que hasta hace pocos años parecían tenerle una
marcada fidelidad:
Si durante el menemismo hubo
corrientes o camadas de trabajadores antiperonistas, puede observarse hoy en
las clases medias bajas, en distintos sectores de trabajadores y en las
juventudes… un antiperonismo que es clave en la crítica social a la política[11].
Se señala como quinta determinación “la presencia de lo que
se descubre tardíamente como individualismo”[12].
Las ansias de desarrollo
interior, realización y superación personal, la idea de autonomía… configura un
vasto campo de nociones sobre los sujetos que son legítimas y prácticas en la
vida cotidiana… Ese individualismo realmente existente es también el resultado
de las transformaciones sociales que pusieron al mercado en el centro, y de las
transformaciones culturales que potenciaron el valor de la subjetividad y su
singularidad… Para la tradición nacional popular existe una tensión irresoluble
entre el hecho de que en la vida social cada uno se salva en una complejidad de
lazos, y el dogma ‘nadie se salva solo’…[13].
La sexta determinación, (¡atención!), es la pandemia:
Todo lo ocurrido a partir de marzo
de 2020, desde los confinamientos hasta la foto del presidente Alberto
Fernández en una fiesta de cumpleaños en Olivos, pasando por las muertes y la
pérdida de ingresos, trabajo, ahorros y patrimonio, ha sido insuficientemente
estimado en su carácter de vector de lo que hoy se observa como exasperación
generalizada[14].
Anudando las 6 determinaciones señaladas, Semán considera
que:
1) “La pandemia amplificó la escena del desencuentro entre
el Estado- observado y discutido en su capacidad de cuidado y daño- y la
sociedad- expuesta a una situación límite-…Esto dio lugar a un movimiento de
desafección, hostilidad e incomodidad respecto del Estado y de los partidos
políticos, que al mismo tiempo, son unas encarnaciones del Estado y una polea
de transmisión entre este y la sociedad civil”[15].
2) “Es la Constitución realmente existente lo que está en
proceso de cambio en esta coyuntura en la que una especie de 2001 electoral
habilita un programa de reforma, ajuste y desregulación que se insinúa parecido
al de 1989 aunque en condiciones muy diferentes: como no hay mayor patrimonio
para privatizar, iniciativas como la dolarización, la redefinición reductiva y
radical del Estado y la mercantilización de lo público están a la orden del
día. Tampoco parece ajena al espíritu de los tiempos y los sujetos políticos en
alza la reivindicación de las dinámicas represivas y su utilización como
recurso político, la apelación a formas plebiscitarias de legitimación y
resolución de diferencias y la descalificación en bloque de categorías sociales
y políticas señaladas como enemigas y directamente demonizadas… el salto
cualitativo de las prácticas antipluralistas y antiliberales es una promesa de
las fuerzas de extrema derecha en la actual coyuntura”[16].
Finalmente, Semán nos dará un adelanto de lo que se
desarrollará pormenorizadamente en otros capítulos del libro, respecto de los
sujetos sociales que constituyen las bases de la Libertad Avanza en la actual coyuntura:
La sociedad de emprendedores
que se hacen cargo de sí mismos y han llegado a la conclusión de que el Estado
no ayuda sino que obstaculiza; la sociedad de propietarios que se ilusiona con
el éxito de políticas ultraliberales como las que impulsó Bolsonaro en cuanto
al gasto público y la legislación laboral (y no se anotician de sus pobres
resultados); la sociedad de consumidores que al calor de la inflación se hace
sensible a la crítica de ‘la moneda política’; la sociedad que observa con
amargura cómo el sector privado se ve amenazado por la intromisión estatal; y
la sociedad de agredidos por la inseguridad: todos ellos configuran las bases
de una sensibilidad que pudo ser convocada por los libertarios que integran en
su oferta una combinación intensificada de libertad y orden[17].
El capítulo 1, titulado
“Rayos en cielo encapotado: la nueva derecha como una constante irregular en la
Argentina”, está escrito por Sergio Morresi y Martín Vicente[18].
Este capítulo está dividido en dos partes. En la primera,
los autores hacen un recorrido histórico de las derechas argentinas centrándose
en “las tensiones entre las familias liberal conservadora y nacionalista
reaccionaria”, principales “tendencias” de la derecha Argentina desde el siglo
XX hasta la irrupción del fenómeno de la Libertad Avanza. En la segunda, se
analiza la actual constitución del espacio “liberal libertario” y se exponen
“los sentidos de su concepción ideológica y su construcción política”[19].
Es importante el contenido de la primera parte del capítulo
ya que la descripción de las dos “familias derechistas”, son antecedentes y a
la vez “nutrientes” de la concepción ideológica del actual gobierno, más allá
de sus evidentes elementos novedosos.
El liberalismo conservador se caracteriza por tener
una visión republicana restrictiva de la política, capitalista y mercantil de
la economía, y cosmopolita y elitista de la cultura. El nacionalismo
reaccionario, se constituye en torno a una perspectiva política
autoritaria, económicamente corporativa y dirigista, tradicionalista y
localista en lo sociocultural.
Ambas tradiciones derechistas tuvieron sus momentos de
ruptura y confluencia a lo largo de todo el Siglo XX, pero desde el retorno a
la Democracia en nuestro país, el liberalismo conservador se impuso sobre el
nacionalismo reaccionario, siendo la aparición del PRO y su posterior
consolidación su momento de mayor apogeo.
En la segunda parte de este capítulo, los autores
caracterizan que hacia el final del gobierno de Macri “fue quedando claro que
se había abierto un espacio hacia la derecha del PRO… Juan Gómez Centurión…
José Luis Espert…” por tan solo nombrar los exponentes más destacados de esa
emergencia.
Tanto en este capítulo como en el resto del libro, se
destaca a la pandemia del año 2020-2021 como un momento trascendental para la
aparición de este nuevo fenómeno político de masas:
El momento de la pandemia fue
crucial para que muchos de los que forman parte del espacio ‘liberal
libertario’ del sello La Libertad Avanza se decidieran a ‘meterse en política’
de un modo similar a lo que ocurrió con los expertos y voluntarios que, unos
años antes, se habían sumado al PRO[20].
Los autores cuentan que hasta el año 2013, Javier Milei
trabajaba en distintas corporaciones empresariales y consultoras económicas y
se dedicaba a la docencia, en la UBA y en la Universidad Argentina de la
Empresa. Ese año leyó “Monopolio y competencia” de Murray Rothbard (2001), y
modificó radicalmente su concepción ideológica, política y económica.
De acuerdo con este autor… el sistema estatista y colectivista está enraizado de un modo tan profundo que las élites- incluso aquellas que son conservadoras y presumen de combatirlo- tienden a defenderlo. Por lo tanto, la batalla cultural resulta una estrategia limitada, y pasar a la lid política se torna una necesidad… La apuesta debería ser… un liderazgo personal con miras a una elección presidencial capaz de poner en cortocircuito a las elites adoptando un tono antiestablishment virulento y una agenda indigerible para la corrección política…abolición del impuesto a la riqueza y las políticas de bienestar, el fin de las políticas de discriminación positiva y de los ‘privilegios’ de los grupos minoritarios, el control de las calles con carta blanca a las fuerzas de seguridad, el cierre de la Reserva Federal… y la defensa de los valores familiares tradicionales… esta apuesta ‘populista de derecha’ lograría desplazar a los conservadores moderados del centro de la escena para imprimir un giro profundo en la política… su plan era disputar las primarias del Partido Republicano y… transmutar su alma por medio de un candidato potente[21].
La influencia de Rothbard en
Milei, y por su intermedio, en el espacio liberal libertario, es clara. Cada
una de las propuestas… fueron retomadas por el político argentino, con dos
excepciones: su posicionamiento ante la interrupción legal del embarazo y la
idea de disputar dentro de un partido ya establecido[22].
Otro intelectual decisivo en la formación política e
intelectual de Javier Milei es el economista y ensayista Alberto Benegas Lynch
(h). Su definición de liberalismo permite amalgamar todo un espectro variopinto
que sustenta el proyecto de La Libertad Avanza: “El liberalismo es el respeto
irrestricto del proyecto de vida del prójimo bajo el principio de no agresión y
defendiendo el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad”[23].
Otra fuente de inspiración para el actual partido de
gobierno es el Menemismo de los años noventa:
la identidad de los liberales
libertarios parece construirse sobre la base de una alteridad distinta: el
colectivismo… la socialdemocracia, el socialismo, el comunismo, el estalinismo…
Además, y en contraposición con el antiperonismo marcado que fue adoptando
parte del ‘mundo PRO’ en los últimos años, los referentes de LLA rescatan la
experiencia del menemismo en los noventa. Para ellos, ese momento de
convergencia entre peronismo y neoliberalismo, al que en su momento se tildó de
experiencia ‘neopopulista’, marca un norte por seguir, no una experiencia de la
cual avergonzarse… Para Milei, Menem fue el mejor presidente de la historia
reciente, casi a la altura de aquellos que integraron la edad dorada del
liberalismo conservador, clausurada en 1916 por el triunfo electoral de la
misma UCR que hoy integra JxC[24].
Por último, los autores señalan que la estrategia de
populismo de derecha desplegada por parte de Milei y su espacio político (y
su fusión con algunos elementos del nacionalismo reaccionario) entra en tensión
con otros actores de la derecha política, fundamentalmente con el PRO más
referenciado en el Liberalismo conservador, y con la propia democracia liberal
argentina, vigente hace 40 años en nuestro país.
El capítulo 2 del libro está escrito
por Melina Vázquez[25]. El mismo se titula “Los
picantes del liberalismo, jóvenes militantes de Milei y ‘nuevas derechas’”, e
intenta aportar al debate sobre el fenómeno del nuevo gobierno a partir de la
pregunta “¿cómo se construye un militante joven de Milei”[26].
La autora nos señala dos momentos de relevancia al momento
de pensar el surgimiento de la identidad “de derecha” en los jóvenes de hoy: el
debate parlamentario sobre la Interrupción Voluntaria del embarazo (IVE) en el
año 2018, y las medidas de Aislamiento y Distanciamiento Social, Preventivo y
Obligatorio (ASPO Y DISPO). Estos dos debates públicos fueron cruciales para
que estos jóvenes primero se asumieran de derecha y luego ingresaran en los
colectivos militantes liberales y libertarios que luego respaldarían y le
darían una militancia de base a la candidatura de Milei.
En la segunda parte del capítulo la autora se detiene en el
perfil sociológico de los “jóvenes mileístas” y sus relaciones con un
compromiso de derecha “popular”.
Los militantes que acompañan a
Milei, dentro y fuera de LLA, buscan diferenciarse de ‘los chetos’ y
revalorizan una manera de ‘adherir’ a las ideas de la libertad’ desde abajo. ‘Somos
los picantes del liberalismo’, afirma una joven del Partido Libertario, y nos
invita a pensar las singularidades de una militancia popular que forma parte de
una cultura política más amplia en la que se combinan grandes temas de la
política y de la economía -como la reducción del Estado y la dolarización-,
estéticas militantes, experiencias generacionales comunes y un vasto repertorio
de acciones colectivas que suceden en las calles, las plazas, las redes, las
urnas y las escuelas[27].
En las entrevistas que la autora les hizo a jóvenes
militantes y que sirvieron de base para la escritura del capítulo, hay una
coincidencia respecto de que la pandemia y las medidas sanitarias que se
tomaron fueron un punto de quiebre en la relación con el gobierno anterior:
La impugnación de la gestión
sociosanitaria de la pandemia recorre diferentes puntos, que van desde lo que
caracterizan como el ‘sueño comunista’ de tener a ‘todos los seres humanos
controlados’ (Oría, 2020), hasta sus efectos en materia económica.
Sin embargo, hay una
apropiación generacional de esta narrativa, cuya potencia debe ser entendida
más allá de la cuestión político- ideológica. Me refiero al impacto de la
puesta en crisis, mientras rigieron las medidas de gestión de la pandemia, de
las dinámicas de socialización y sociabilidad entre pares, esto es, el núcleo
por excelencia de la producción de experiencias juveniles… la noción de
‘libertad’ formulada por los activistas puede interpretarse de manera situada
como una forma de oponerse a las medidas de restricción de la circulación y,
con ellas, al gobierno de Alberto Fernández y al kirchnerismo en general.
La cuarentena se interpreta
como un contexto en el que se ponen de manifiesto los ‘privilegios de la
casta’. Esto exacerba un discurso que apunta, primero contra el gobierno, y
después contra ‘la casta’ en general. Esa trama se construye en torno a dos
hechos clave desde el punto de vista de los grupos movilizados por derecha: la
fiesta de cumpleaños de la pareja del presidente en la Quinta de Olivos, en
Julio de 2020, y el llamado ‘vacunatorio VIP’ por el que personas cercanas a
los gobernantes y políticos accedieron a la vacunación sorteando los criterios
establecidos por el propio gobierno[28].
Según esta autora, para los jóvenes que adhieren al
proyecto del gobierno actual “’Ser de derecha’ involucra algo más que una
posición política o la adscripción a un partido o agrupación específica. Se
trata de una constelación de nudos temáticos- como los de la vida, libertad y
propiedad contenidas en la ya aludida plegaria de Benegas Lynch (h) que recitan
los libertarios en los actos políticos- con fronteras porosas que se modelan
por medio de prácticas en espacios heterogéneos: las calles, las redes sociales,
los ámbitos educativos, los partidos políticos y, también, las contiendas
electorales. ‘Ser de derecha’ forma parte de un horizonte o proyecto político
que involucra llevar adelante la ‘batalla cultural’, en los términos de Antonio
Gramsci readaptados por Agustín Laje… implica tener un conjunto de principios y
argumentos propios con los que sentar posiciones en los debates públicos,
contar con un relato histórico y una idea de su origen como grupo: quiénes
somos, en qué tradiciones nos reconocemos, qué idea de futuro tenemos… también
supone alimentar una mística, seducir a otros, convocar y masificar el mensaje..”[29].
La meritocracia es un concepto clave para estos jóvenes:
Los jóvenes mileístas se pueden interpretar como herederos o hijos (despeinados) del macrismo en la adhesión a las posiciones meritocráticas. El esfuerzo individual permite clasificar y diferenciar entre aquellos que, aun dentro de un mismo sector social, son merecedores de prestigio y dignidad, o todo lo contrario. Así, la construcción de un principio moral que articula la idea de esfuerzo con la de progreso da forma a las llamadas ‘lógicas de merecimiento’, esto es la definición de desigualdades consideras justas… la narrativa antiplanera y antipiquetera de los sectores medios y bajos se articula con los discursos antiprotesta social de los sectores medios y altos urbanos… reaparece la alianza entre sectores medios y populares. La vieja consigna que supo unirlos allá por 2001 (‘piquete y cacerola, la lucha es una sola’) reaparece ahora bajo la figura de los ‘argentinos de bien’ con la que Javier Milei y Victoria Villarruel se diferencian de ‘la casta’ y de los ‘zurdos empobrecedores’…[30].
Es por ello que “en la antinomia derechos/derecha, la
‘derecha popular’ se inclina por el segundo de los términos y exacerba una
construcción ‘desde abajo’, que se reivindica picante y cuestiona los
privilegios, interpretados como los derechos de unos pocos en detrimento de los
de los muchos”[31].
El capítulo 3 del libro, “Entre
libros y redes: la ‘batalla cultural’ de las derechas radicalizadas”, está
escrito por Ezequiel Saferstein[32].
Por un lado, el autor intenta explicar los mecanismos
culturales a partir de los cuales las ideas libertarias y de derecha extrema suman
adeptos y logran masividad:
jóvenes que pueden
identificarse como de derecha, liberales, libertarios, conservadores o
antiprogresistas… organizan sus argumentos, se informan, estudian, se
entretienen, replican y discuten mediante videos, memes, libros, posteos de
intelectuales, economistas, politólogos, influencers. Interactúan en
Twitter y TikTok, asisten a manifestaciones políticas y eventos culturales,
arman grupos de lectura, militan en agrupaciones, discuten en grupos de WhatsApp.
Pelean una ‘batalla cultural’ en el marco de una configuración que se presenta
como ‘políticamente incorrecta’ y ‘antisistema’, pero que se ha masificado[33].
Por otro lado, el autor menciona algunos aportes teóricos de
los principales referentes de esta derecha extrema en américa del sur:
En el universo de autores
argentinos, la batalla cultural de las nuevas derechas está plasmada como
teoría y como práctica en los libros de Agustín Laje, principalmente en La
batalla cultural. Reflexiones críticas para una nueva derecha… pero también
en El libro negro de la nueva izquierda… y Generación idiota. Una
crítica al adolescentrismo. Álvaro Zicarelli retoma estos argumentos en Cómo
derrotar al neoprogresismo… y Javier Milei la enmarca desde la perspectiva
económica y política en El camino del libertario… y El fin de la
inflación. Además, los libros del chileno Axel Kaiser, como La fatal
arrogancia. La anorexia cultural de la derecha frente al avance ideológico
progresista… el del filósofo brasileño Olavo de Carvalho, O mínimo que
você precisa saber para nao ser um idiota… y el de la diputada bolsonarista
Ana Caroline Campagnolo Ferminismo, perversao e subversao… forman parte
de la sistematización del corpus a nivel regional[34].
En cuanto a los aportes teóricos de Agustín Laje, el
autor de este capítulo y los del resto del libro le dan un lugar central:
El libro negro de la nueva
izquierda fue pionero en revisitar y dar formar a ciertos
argumentos: tras la caída del muro de Berlín y el triunfo político de las
derechas liberales, la izquierda tuvo que bajar las armas y reorientarse hacia
una lucha cultural. El éxito político y económico del capitalismo sobre el
socialismo habría relegado la disputa cultural e ideológica al campo de las
izquierdas, que triunfaron mediante la irradiación de su ideología desde las
industrias culturales, las academias, los organismos y las fundaciones
internacionales y las políticas públicas. Esta dinámica es presentada por Laje
y Márquez en términos de hegemonía y contrahegemonía, conceptos gramscianos
recurrentes en sus intervenciones. En esta época, el ‘marxismo cultural’ no se
caracterizaría por posiciones igualitaristas solamente en el ámbito de la
economía, sino por una serie de discursos y prácticas ligadas a los movimientos
feministas y LGBTIQ+, que vendrían a disgregar los ‘valores tradicionales’
mediante una ‘confederación filicida’ y ‘homosexualista’… En esta ‘batalla
cultural’, el feminismo y la llamada ‘ideología de género’ son los adversarios
combatidos desde una estrategia planteada en términos morales, en torno a la
familia heterosexual y el ‘derecho a la vida’. En La batalla cultural y Generación
idiota, Laje expande y sofistica su teoría incluyendo, pero a la vez
superando, la dimensión de género y el combate al feminismo.
Desde su punto de vista, las
batallas de las derechas deberían centrarse en el ámbito cultural, por ejemplo,
frente a… las celebrities que participaron del movimiento Me Too, así
como frente a otros temas globales, como el ambientalismo representado por
Greta Thunberg[35].
En otra parte del capítulo se puede leer:
En la estructura narrativa de
su propuesta teórica para una nueva derecha, Laje promueve una agrupación de
derechas libertarias, nacionalistas y conservadoras para conformar un
‘nosotros’ que interpele a sus simpatizantes y a sus pares… La batalla
cultural no está ‘al servicio de la mera teoría’, sino que busca apoyar una
‘práctica política al servicio de la derecha en general’, capaz de articular
las ‘diferentes corrientes de la derecha…Esta búsqueda lo posiciona en un lugar
privilegiado en el campo de las derechas por su compromiso intelectual y
político y su capacidad de divulgación para un auditorio masivo. Del mismo
modo, sus libros… se autocalifican como libros activistas, una llamada a la
acción no solo para la dirigencia sino también para sus lectores. A esos
jóvenes Laje les pide reorganizar su tiempo, resignar horas de pantalla y
volver a la ‘cultura del texto impreso’, para formarse y transmitir esa
práctica a sus pares, su propia familia y su comunidad[36].
Por último, el autor llama la atención sobre la perspectiva
frentista y antisectaria de Laje y otros intelectuales afines al interior de
las diferentes vertientes de la derecha:
Evitar el purismo ideológico
permite a autores como Laje llamar a la fusión entre ‘libertarios no
progresistas, patriotas no estatistas, conservadores no inmovilistas y
tradicionalistas no integristas’, para dar como resultado ‘una fuerza resuelta
en la incorrección política’ en ‘oposición radical a la casta política […] al
globalismo, al establishment multimediático y la hegemonía progresista
que domina la academia, a los ingenieros sociales y culturales de las Big Tech
y del poder financiero global inclinados sin disimulo alguno hacia la izquierda
cultural[37].
En cuanto a los artefactos de difusión de las ideas de
derecha y libertarias, se menciona al “libro” como un instrumento fundamental, así
como a las “editoriales propias” (de pequeños y medianos empresarios afines ideológicamente)
que hacen posible su circulación. Libros y editoriales son así la punta de
lanza de una “batalla cultural” que debe librarse no solo en el plano nacional
y regional, sino también a nivel mundial. También las editoriales permiten la
organización de eventos culturales pequeños y masivos, donde los autores pueden
interactuar con sus lectores y seguidores, conformando de este modo ámbitos
propicios para la sociabilización y la difusión de las ideas- fuerza de las
distintas vertientes de la derecha. Estas ideas generadas en estos ámbitos
luego son replicadas y masificadas a través de la intervención de diferentes
referentes e influencers en redes sociales y medios de comunicación.
El capítulo 4 del libro, “Juventudes
mejoristas y el mileísmo de masas; por qué el libertarismo las convoca y ellas
responden”, fue escrito por Pablo Semán y Nicolás Welschinger[38].
A partir de una serie de investigaciones hechas en base a
un trabajo de campo exhaustivo y a entrevistas a jóvenes del AMBA desde
mediados del 2020, los autores llegan a una serie de consideraciones y
conclusiones que son las que desarrollan a lo largo del capítulo.
Las puntadas corporales que nos dan sus palabras escritas implican
reflexiones como estas:
Bastó salir a la calle,
liberarse de conjeturas y proyecciones, para apreciar la emergencia de una
generación cuya experiencia común es haber atravesado el estancamiento
económico y los malestares de la pandemia y estar, de diversas maneras,
seducida por el discurso libertario[39].
Más adelante, y en relación a la identificación de gran
parte de los jóvenes del AMBA con las ideas de Milei y de la extrema derecha,
podemos leer:
Partimos de la premisa de que
a la ideología se adhiere desde la experiencia. Solo cuando la experiencia lo
aconseja y lo dispone, las doctrinas se vuelven influyentes. Hasta que eso no
sucede, son pura blablá[40].
La idea central del capítulo es que, desde el gobierno de
Mauricio Macri se profundizó el estancamiento de la economía (hecho que con
altibajos, según los autores, venía sucediendo desde el año 2013), lo cual no
permitió el progreso personal de un sector considerable de la sociedad. Esta
situación se vio agravada por la Pandemia durante la gestión del gobierno de
Alberto Fernández, donde millones tuvieron que atravesar una situación de
crisis inédita en la que, según los autores, los esfuerzos del gobierno y del
Estado se revelaban impotentes para resguardar la salud de las personas y de la
economía. En ese contexto, millones tuvieron que intentar sobrevivir a partir
de sus propios esfuerzos e inteligencias, con lo que la idea de un “Estado
presente” se reveló, para muchos, más falsa que nunca. El mercado y su lógica
de competencia constante impregnó gran parte de la subjetividad de estos
jóvenes que empezaron a ver al Estado más como un obstáculo a su desarrollo que
en un potenciador de sus habilidades o capacidades individuales. No es que este
fenómeno se haya originado en la pandemia, pero se vio potenciado por ella y
por la situación económica posterior, donde el estancamiento y la inflación
pasaron a ser el denominador común.
De este modo, se cristalizó la valoración positiva de la
figura del “emprendedor” en un sector cada vez más significativo de la sociedad,
elemento vital para el surgimiento de la identidad social que los autores
denominan “mejorista”:
En este marco, se experimenta
como algo liberador la actitud emprendedora que permite al individuo despertar
sus propias fuerzas en pos de la superación constante… Empoderamiento,
autonomía personal, optimización del yo y emprendedurismo son vías para
alcanzar la superación moral a través del esfuerzo personal[41].
Ahora bien, llegados a este punto debemos profundizar en la
idea de quiénes son para los autores del capítulo los “mejoristas”. Repasemos
el concepto desde su óptica:
los mejoristas no tienen una fe
inquebrantable en el progreso entendido como una fuerza de la envergadura de
las mareas. Creen en un progreso personal, tal vez módico, a partir del propio
empeño en el mercado. Así, cuando no hay más incentivos que los que uno se
puede dar a sí mismo, o cuando estos escasean o, peor, el panorama es incierto,
confuso o exigente, las ideas de empoderamiento personal, superación y
autooptimización del yo son vitales y decisivas[42].
En cuanto a las preferencias electorales de los mejoristas,
según los autores, no hay una identificación lineal con los candidatos de la
extrema derecha, pero si una evidente mayor afinidad entre sus aspiraciones y
las agendas que proponen estos candidatos:
los mejoristas pueden ser
Kirchneristas, pero el impulso que los guía configura una plataforma que
introduce nuevas agendas y narraciones en la política. Si los mejoristas votan
mayormente por candidatos como Milei o Bullrich, es en gran parte porque esos
referentes sostienen esa visión y esa agenda mejor que otros y la legitiman
aunque no la hayan originado. Como disposición de vastos sectores sociales, el
mejorismo podría ser concebido como un modelo ideológico consciente pero no
explícito, que al mismo tiempo resiste y dialectiza los llamados de las
ideologías que convocan “desde arriba”, seas estas reaccionarias, liberales o
progresistas[43].
En cuanto a la conexión entre el discurso político de Milei
y este sector de la sociedad los autores destacan que:
Si alguien puede ser convocado
como emprendedor o héroe del mercado, es en parte porque ha sido constituido
como tal, porque puede narrarse a sí mismo de esa forma, al menos parcialmente.
Lo que ha venido aconteciendo con jóvenes como Juan y Belén es que sus
experiencias, arraigadas en ciertas condiciones sociales, han constituido una
sensibilidad con la que un conjunto de discursos políticos conecta mejor. Ese
discurso liberal dice lo que muchos sentían o pensaban, pero no hallaba emisor.
Y alcanza mayor contundencia, en especial el de Milei, cuando les permite
construir esa experiencia, darle sentido inmediato a su práctica, hacer público
algo que era mudo y privado hasta no ser convocado y aceptado por el llamado,
incluido el político[44].
De este modo, la prédica libertaria “obtiene resultados en
cuanto la experiencia de los jóvenes sedimenta en una serie de cuestionamientos
que, más difusos o más específicos, comprenden la crítica a la política, al
Estado y a la economía”[45].
En cuanto a la crítica a la política, los autores
señalan que:
Hay un tono básico de hartazgo
y decepción con los políticos contemporáneos. En la Argentina, los malos
resultados de las grandes coaliciones que, programáticamente enfrentadas,
polarizaron el escenario político luego del 2001 hasta la irrupción primero de
la pandemia y luego de Milei, son la razón invocada por muchos de nuestros
interlocutores para informar algo que excede la rabia ante la crisis. La
memoria de una década económicamente cruel atravesada por los fracasos sucesivos
del peronismo y de Macri está en la base de una distancia que no es, sin
embargo, tan solo un ‘que se vayan todos’[46].
Para los jóvenes mejoristas “la mayor parte de la política
es, por su propia experiencia de empobrecimiento durante la democracia y la
epopeya del ‘Estado presente’, despreciable o irrelevante”[47].
Esta mirada negativa sobre la política se vio acentuada a
partir de la experiencia de la pandemia y del rol del gobierno anterior durante
la misma, lo que, en una situación de crisis sanitaria sin precedentes, no solo
afectó la imagen de los partidos políticos, y de la política en general, sino
del Estado:
La pandemia ha catalizado
tendencias previas, pero además desde un presente económicamente doloroso, ha
disparado un balance retroactivo que modifica la mirada que teníamos cuando el
peligro sanitario era palpable: el mismo gobierno que conduce mal la economía
seguramente condujo mal la política sanitaria… Muchos que apoyaron las diversas
medidas de cuidado, hoy se arrepienten de haberlo hecho…Las opiniones
‘negacionistas’ que relativizaban la letalidad del virus o impugnaban la
voluntad de luchar contra lo inevitable a costa de otros bienes importantes
crecieron en la pospandemia desde un presente oprobioso que se pone en diálogo
con una de las ‘postales’ más persistentes, la de ‘la fiesta de Olivos’. Para
quienes se inscriben en esa dialéctica, esta no solo muestra que la política de
cuidados era hipócrita… sino que certifica que los políticos viven una vida de
vicios de la que todos podían sospechar, pero de la que no había imágenes.
Confirmar la perversión de los que debieron haber sido ejemplares en el cuidado
y contradijeron su propia palabra dañó algo más que la imagen del presidente
Alberto Fernández: horadó la confianza en el Estado en general[48].
Con relación a esta pérdida de confianza en el Estado que
se vio profundizada por la pandemia, los autores agregan:
hay un recorrido inverso y
complementario que también fue iluminado por la pandemia: durante su
transcurso, las promesas acerca del Estado salvador, con independencia de las
virtudes y concreciones de la política pública, se vieron contrastadas por la
evidencia de que muchos tuvieron que intentarse salvarse solos. La pandemia
puso al Estado en un lugar imposible, en el que todo lo que hiciera iba a estar
mal, porque el virus, la vacuna, la dolencia misma eran discutibles y porque
los medios para discutirlo estaban a mano de todo el mundo. En ese contexto se
agudizó la crisis de confianza en el Estado, que afectó a los partidos
políticos y potenció las posiciones liberales en un grado que no había
alcanzado, por ejemplo, la crítica macrista al kirchnerismo en 2015[49].
Profundizando la crítica al Estado del sector social
“mejorista”, los autores señalan que en las entrevistas que realizaron a
jóvenes del AMBA se señala una crítica a la educación y a la salud pública. En
ellas, los jóvenes no critican en términos absolutos a estos servicios estatales,
sino que señalan sus deficiencias: por ejemplo, condiciones edilicias
deplorables en el caso de la educación pública.
Puntualicemos al respecto a partir de lo señalado por los
autores:
La idea de bien público no
está puesta en cuestión… Pero la crítica al ‘estado del Estado’, que en los
grupos focales se extiende al estado de la salud pública, al transporte, y con
énfasis en la seguridad, está indisolublemente ligada a ese sentimiento de
impotencia que pasa por el cuerpo. La lectura de la situación actual en clave
decadentista, contrapuesta a las potencialidades del país, tiene un correlato
en el juicio del estado calamitoso del Estado[50].
En cuanto a la crítica a la economía, los autores
señalan la visión que tienen los jóvenes mejoristas de la intervención estatal
en la economía como un obstáculo o “una ayuda inservible que no alcanza, y
entienden que lo principal es automotivarse y mejorarse por el propio esfuerzo”[51]. Relacionado a esto
último, algunos jóvenes mejoristas suelen tener incluso una mirada negativa
sobre los contratos de trabajo tradicionales, y los entienden como
“extraordinarios y privilegiados”[52]. Es aquí donde el
discurso libertario anti- Estado conecta de lleno con esta idea de los jóvenes
mejoristas:
Liberar las energías del
trabajo de las regulaciones y trabas del Estado y emprender con las propias
fuerzas para forjar el destino personal retroalimenta la relación entre las
juventudes mejoristas y la convocatoria libertaria[53].
Otra crítica derivada de la economía regulada por el Estado
tiene que ver con los altos niveles de inflación de los últimos años. Esta situación
inflacionaria es vinculada, entre otras cuestiones, con la debilidad del peso
argentino:
A la crítica a la mímica
estatal le sucede la crítica a la mímica del peso: la convicción de que ‘ya
estamos dolarizados de hecho… pero tenemos todas las desventajas del peso atado
a la suba del dólar y ninguno de los beneficios de una moneda fuerte’. Así,
están convencidos de que la solución libertaria de la dolarización no
acarrearía una pérdida de soberanía, sino una conexión con el mundo en el que
‘el tema de la inflación ya está hace tiempo solucionado’…
La extendida crítica a la inflación y la dolarización como salida al laberinto de la estanflación forman parte de una demanda juvenil de previsibilidad y futuro… Para estos jóvenes, así como el Estado dice estar presente pero se revela impotente en aspectos claves de la vida en común, algo semejante sucedería con la moneda nacional[54].
Frente a esta juventud crítica del orden económico,
político y social de la última década, la figura de Milei y su discurso
radicalizado (a la derecha, de la derecha del sistema político) logró generar
una gran identificación de este sector social y de muchos otros descontentos
con la situación existente. Al respecto los autores señalan:
Lo que desde el punto de vista
de la izquierda se presenta como el ‘descaro’ con que la derecha asumió
posiciones radicales puede también leerse como el éxito con que los
radicalizados desplazan a la derecha tradicional que, en sus muestras de
subordinación a determinados consensos, es caracterizada por los extremistas
como ‘tibia’. La velocidad histórica con que algunas posiciones radicales
conquistan centralidad se relaciona con una especificidad local: la
sobreestimación de algunos consensos políticos y económicos y, sobre todo, la
dinámica erosiva que le impone la inflación a la política, que vuelve fluido lo
que se creía sólido, como los electorados, las preferencias centristas, los
candidatos del establishment y todo lo que llevaba a especular, por
caso, con que… Larreta era naturalmente presidenciable. La contracara de esto
es que las posiciones radicales hayan sido sostenidas por las máximas figuras
de los partidos de centroderecha y que, como sucede ahora, estas hayan sido
desbordadas por la radicalización asumida sin ambigüedades por Milei[55].
Finalmente, y a modo de conclusión del capítulo, los
autores nos ofrecen algunas palabras finales:
En una subjetividad formada en
la experiencia del mercado, emerge la triple crítica a la política, al Estado y
a la economía, que fue al mismo tiempo solicitada y en cierta medida inculcada
por la prédica pública de las figuras de JxC y, sobre todo, de LLA, hasta
lograr anudar su discurso a esas experiencias.
Esa capacidad de interpelación
tiene condiciones específicas en la performance del líder de LLA…
Su prédica recogió todos los
temas que sus adversarios políticos abandonaron, para representarlos uno por
uno bajo la forma de soluciones libertarias: contra la cuarentena, la libertad;
contra la inflación, la dolarización; contra la desocupación, el emprendedurismo;
contra la inseguridad, el derecho a la libre defensa; contra el sistema de la
casta, el ‘que se vayan todos’. Así, al tratar no solo de un modo crítico y
reactivo sino también propositivo los problemas que ‘la casta’ negaba, el
discurso de Milei permitió a jóvenes como los que aquí describimos construir su
experiencia, darle sentido inmediato a su práctica, hacer público un malestar
privado. La concreción de ese puente experiencial… entre el malestar privado y
el debate público y viceversa es uno de los logros del discurso de Milei…
La prédica de Milei encontró
en la coyuntura electoral un campo fértil para que su llamado carismático le
permita continuar ganando adhesiones… el avance del proceso electoral mostró
que los sentimientos de agobio con el oficialismo fueron canalizados por el
discurso libertario en una oleada masiva y transversal a las cuadrículas
sociodemográficas.
En nuestra lectura de la
crítica juvenil a la política, el Estado y la economía, pueden verse los
anudamientos progresivos entre las sensibilidades juveniles que captamos bajo
la categoría de mejoristas y el discurso libertario. A su vez, puede verse que
entre los adherentes masivos de Milei se registra el impacto de su prédica,
reconfigurando los horizontes de la derecha hacia una derecha popular y
radical. Esto implica la posibilidad latente de que a futuro, en el mediano
plazo, la masiva adhesión que en la actualidad conquista su prédica libertaria
logre ser fidelizada y activada en la dirección de un proceso de redefinición
autoritaria del sujeto y los alcances de la democracia[56].
3. Reflexiones finales
Repasando algunas de las principales fortalezas del libro
que coordina Semán, es indudable el esfuerzo analítico e intelectual de los
autores para intentar dar cuenta de los factores concretos que hicieron posible
el surgimiento, fortalecimiento y éxito electoral de Milei y de su espacio
político. Se señalan factores económicos y políticos, de mediano y largo plazo,
que explican el actual escenario político.
La imposibilidad de las dos grandes coaliciones políticas
(Juntos por el Cambio y el Frente de Todos) que, con sus diferentes
denominaciones, dominaron gran parte de la escena política argentina en el
siglo 21, para dar respuesta a una serie de demandas que se fueron acumulando a
lo largo de los años (la necesidad de mejorar los ingresos de las y los
ciudadanos, controlar la inflación, el combate a la corrupción política y a la
inseguridad, la necesidad de contar con un Estado más eficiente que pueda
ofrecer una educación y una salud pública en condiciones plenas, etc), son la
base explicativa del surgimiento y de la posterior consolidación de una
personalidad como la de Milei y de su espacio político. El libro hace un
recorrido detallado de esta situación desde diferentes ópticas, marcando el
hecho de que la pandemia aceleró un proceso de desprestigio del sistema
político y del modelo económico, del Estado y de los partidos políticos
hegemónicos, que se venía gestando desde hace varios años.
También, es un gran mérito del libro ofrecer una
explicación de cómo el libertarismo se fue construyendo con paciencia desde
posiciones marginales, tanto en el plano intelectual como en el político, hasta
aprovechar los errores y falencias de las principales fuerzas políticas, y
asumir posiciones de protagonismo.
Ahora bien, en primer lugar, la publicación subestima
bastante los vínculos de Milei y de su espacio político con los grandes medios
de comunicación, en particular con el grupo Clarín, La Nación y América. Estos
medios de comunicación potenciaron fuertemente la construcción del actual
presidente y le dieron muchísima visibilidad, permitiendo primero su
conocimiento y luego su lanzamiento como candidato a Diputado Nacional, en el
2021, y como candidato a presidente en el 2023. ¿Eso significa que la sola
aparición sistemática de Milei en estos medios de comunicación explica sus
posteriores triunfos electorales? De ninguna manera, pero la explicación debe
incluir y comprender este importante factor de manera detallada.
Otro vínculo muy subestimado en el libro es el de Milei con
las grandes empresas nacionales y extranjeras (no solo con los medios de
comunicación que mencionamos anteriormente, sino con el sistema financiero, la
gran industria y el complejo agro-exportador), que a medida que las batallas
políticas se sucedían empezaron a tomar cada vez más en serio la posibilidad de
que Milei asumiera como presidente de la nación. Después de todo, el fuerte
ajuste en el Estado y en la economía planteado por el actual presidente, tiene
más semejanzas con el programa económico de estos sectores que diferencias.
Sin el apoyo de los grandes medios de comunicación y del
poder económico concentrado del país, es difícil pensar que Milei y su espacio
político se hubieran impuesto, ya que dada la fragilidad de su construcción
política necesitaba apoyos de peso para dar una disputa de las dimensiones que
supone una elección presidencial en un país como Argentina. Nunca lo dejaron
solo sino que cada vez lo fueron sosteniendo y respaldando más, mediática y
económicamente, hasta que logró el inesperado triunfo electoral.
A la vez, está claro que con estos importantes apoyos no
alcanzaba para ganar una elección presidencial, y ahí es donde el libro que
examinamos nos ofrece otros elementos de análisis que necesitamos para
comprender por qué esta fuerza logró un respaldo social mayoritario.
Por último, quiero señalar un tercer elemento subestimado
por la publicación que analizamos: me refiero al gran condicionamiento que
supone para cualquier gobierno tener que afrontar una deuda externa de la
magnitud que dejó el gobierno de Mauricio Macri, de casi u$s 110.000 millones
con acreedores privados y de u$s 44.000 millones con el Fondo Monetario
Internacional, con la correspondiente intromisión de este organismo en las
cuentas y actividad económica de los gobiernos. Un error garrafal del gobierno
de Alberto Fernández consistió en no explicar con claridad a la sociedad la
gravedad de este terrible condicionamiento económico y político que dejó el
gobierno de Macri, situación que se tornó explosiva a partir de la irrupción de
la pandemia. Efectivamente, la deuda tomada por el gobierno de Mauricio Macri
marcó un punto de inflexión en la política y en la situación económica del
país, porque a partir de ese momento el margen de acción de los gobiernos y del
Estado se redujeron notablemente. Pensemos siquiera lo que implicaría en este
mundo globalizado e interdependiente una cesación de pagos en nuestro país.
Pero el libro que analizamos no dice nada de todo esto, y en reiteradas
oportunidades se pone en un plano de igualdad el gobierno de Mauricio Macri con
el de Alberto Fernández.
Creo que un análisis que pretenda construir las
herramientas analíticas para comprender de manera integral lo que está
sucediendo en nuestro país debe considerar el vínculo del actual gobierno con
los grandes medios de comunicación y con el poder económico concentrado, así
como el problema de la deuda externa.
Al mismo tiempo, la construcción de la alternativa política
que necesitamos debe contemplar necesariamente, además de la fiel representación
de los intereses de los sectores populares y de toda otra serie de cuestiones
que no hacen a los objetivos de estos apuntes, qué tipo de relaciones se
establecerán con los grandes medios de comunicación y con el poder económico
concentrado, y a la vez, cómo se abordará el problema de la deuda externa y la
relación con el FMI. Son problemas centrales, que no admiten dilaciones ni
atajos intelectuales ni políticos. Alberto Fernández fracasó por, entre otras
cuestiones, haber subestimado estos problemas, por lo tanto, deben ocupar un
lugar importante en nuestros análisis y en nuestra propuesta política.
Llegamos al final de estos apuntes, quiero agradecerte por
haberte tomado el tiempo para leer y reflexionar conmigo. Sigamos pensando
colectivamente, generando espacios de debate y de toma de decisiones. Sobre
todo, vayamos apuntalando la resistencia efectiva de masas y la construcción de
la alternativa política a este gobierno de extrema derecha, en el plano de la
acción y de la intervención política.
Referencias Bibliográficas
Grimson, Alejandro; coordinador. 2024. “Desquiciados. Los
vertiginosos cambios que impulsa la extrema derecha”. Siglo Veintiuno
editores. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Semán, Pablo; coordinador. 2023. “Está entre nosotros.
¿De dónde sale y hasta donde puede llegar la extrema derecha que no vimos
venir?”. Siglo Veintiuno editores. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Stefanoni, Pablo. 2021. “¿La rebeldía se volvió de
derecha? Cómo el antiprogresismo y la anticorrección política están
construyendo un nuevo sentido común (y por qué la izquierda debería tomarlos en
serio)”. Siglo Veintiuno editores. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Notas al pie
[1] Al respecto véase Stefanoni (2021).
[2] Véase
Semán (2023).
[3] Al
respecto véase Grimson (2024).
[4] Pablo Semán es sociólogo y antropólogo. También es investigador principal del Conicet y profesor del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad de San Martín.
[5] Semán
(2023: 13).
[6] Ídem,
16.
[7] Ídem,
16.
[8] Ídem,
17.
[9] Ídem,
17.
[10] Ídem,
18.
[11] Ídem,
18.
[12] Ídem,
18.
[13] Ídem,
19
[14] Ídem,
19.
[15] Ídem,
20.
[16] Ídem,
21.
[17] Ídem,
27.
[18] Sergio
Morresi es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires y
Doctor en Ciencia Política por la Universidad de San Pablo. Martín Vicente es
doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires e investigador
del Conicet.
[19] Semán
(2023: 44).
[20] Ídem,
61.
[21] Ídem,
64.
[22] Ídem,
65.
[23] Ídem,
66.
[24] Ídem,
73.
[25] Melina
Vázquez es socióloga, Investigadora del Conicet y profesora de la Facultad de
Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.
[26] Semán
(2023: 81).
[27] Ídem,
82.
[28] Ídem,
92.
[29] Ídem,
107 y 108.
[30] Ídem,
116 y 117.
[31] Ídem,118.
[32] Ezequiel
Saferstein es sociólogo, magíster en Sociología de la Cultura por la
Universidad Nacional de San Martín y Doctor en Ciencias Sociales por la
Universidad de Buenos Aires. Es también investigador del Conicet y docente
universitario.
[33] Semán
(2023: 124).
[34] Ídem,
132.
[35] Ídem, 133.
[36] Ídem,
135.
[37] Ídem, 137.
[38] Nicolás Welschinger es doctor en Ciencias Sociales y licenciado en Sociología por la Universidad de La Plata. También es investigador del Conicet y docente de Sociología.
[39] Semán (2023: 165).
[40] Ídem,
167.
[41] Ídem,
174.
[42] Ídem,
181.
[43] Ídem,
182.
[44] Ídem,
183.
[45] Ídem,
184.
[46] Ídem,
185.
[47] Ídem,
186.
[48] Ídem,
186.
[49] Ídem,
187.
[50] Ídem,
190.
[51] Ídem,
191.
[52] Ídem,
191.
[53] Ídem,
192.
[54] Ídem,
195.
[55] Ídem,
199.
[56] Ídem,
199, 200 y 201.

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