domingo, 8 de junio de 2025

Apuntes de formación política. Número 1

Antonio Gramsci y la dialéctica


1. Introducción

El abordaje del análisis sistemático, aunque sea parcial, de una obra como la de Antonio Gramsci no es tarea sencilla. Por el estilo de vida que tuvo el autor que vamos a abordar, antes que nada militante político de la causa comunista, no resulta simple rastrear sus principales aportes al campo de la teoría política y social. En gran medida porque Gramsci nunca tuvo tiempo, tal vez tampoco le hubiese interesado, de escribir una obra que encuentre a sus principales conceptos desarrollados de manera sistemática. Por el contrario, sus principales aportes los hallamos en sus escritos de polémica política, de militancia o como periodista (desarrollados entre 1916 y 1926) o bien, en escritos fragmentarios y provisorios conocidos popularmente como los “Cuadernos de la cárcel” (desarrollados entre los años 1926 y 1937, período en el que Gramsci llevó a cabo una serie de reflexiones al interior de la cárcel bajo el régimen fascista italiano). 

En estos apuntes nos interesa adentrarnos en uno de los conceptos no demasiado indagados por la bibliografía especializada en el autor, al menos no en los textos a los que nosotros hemos tenido acceso. Nos referimos al tratamiento del concepto de dialéctica en la obra de Gramsci. Y elegimos abordar de la mejor manera posible este concepto y no otro porque creemos que la importancia de la dialéctica en el pensamiento político y social del autor que estudiamos es de una importancia teórico- política fundamental.  Creemos que, para la perspectiva de este autor, un pensamiento político que busque incidir sobre la realidad social en la que vivimos, comprendiéndola para simultáneamente transformarla, no puede dejar de basarse en una lógica de tipo dialéctica. De ahí que no resulta incompatible relacionar el desarrollo de este concepto de Gramsci con la perspectiva política peronista, nacional y popular, que nosotros y nosotras reivindicamos.  

Por ello, el objetivo principal de estos apuntes estriba en poder brindar una introducción adecuada al tratamiento del concepto en cuestión y fomentar el estudio del problema en posteriores análisis. Para ello, vamos a basarnos principalmente en los textos de la etapa carcelaria, utilizando algún otro de manera subsidiaria.   

2. La dialéctica como elemento constitutivo de la filosofía de la praxis

Como señalamos más arriba, una de las dificultades inherentes al tratamiento del concepto de la dialéctica en el pensamiento de Antonio Gramsci estriba en el carácter fragmentario de los “Cuadernos de la cárcel”. Como con tantos otros conceptos, el autor pareciera señalar la importancia de la temática en cuestión en forma de apuntes que luego deberían ser desarrollados en ulteriores investigaciones. Sin embargo, y a juzgar por los mismos textos, existen claras evidencias de que para Gramsci la dialéctica no era un concepto como cualquier otro sino que más bien se trata del concepto que atraviesa, ya sea de manera explícita o implícita, todos sus apuntes de la cárcel. No pueden pensarse ninguno de sus principales aportes: la visión ampliada del Estado, entendido como ejercicio de la coerción más el consenso por parte de los grupos dirigentes para asegurar el dominio de su hegemonía política y por tanto económica y social; la traductibilidad de los lenguajes científicos; la importancia de la “guerra de posición” y de la “guerra de movimiento” en la estrategia y la táctica política; si no se tiene en cuenta que todos se desarrollan desde una perspectiva dialéctica tratando de mostrarlos como conceptos históricos, esto es: reductibles a determinados tipos de sociedades, y que se manifiestan de manera contradictoria [1].  

Ahora bien, antes de señalar la importancia que tiene la dialéctica en el pensamiento de nuestro autor, en tanto elemento constitutivo de la filosofía de la praxis, resulta relevante comprender, aunque sea a grandes rasgos, en qué consiste esta filosofía.  

Gramsci llama filosofía de la praxis a aquella filosofía [2] implícita en los trabajos de Carlos Marx que no puede encontrarse en ningún texto en particular del autor sino que más bien se halla dispersa a lo largo y a lo ancho de su obra [3]. Por lo que la tarea de su reconstrucción es uno de los objetivos que se propone en la cárcel. La importancia de hacerlo estriba en que la filosofía de la praxis es una concepción del mundo capaz de disputar la hegemonía por la dirección moral de la sociedad a las filosofías dominantes que se han hecho carne en el sentido común de las sociedades existentes. No puede haber transformación del orden económico y social, al menos en las sociedades del occidente desarrollado, si no se gana la batalla cultural por la disputa del sentido común. Por lo tanto, según Gramsci la filosofía de la praxis expresa los intereses vitales de los grupos subalternos (es decir: no dominantes), de aquellos grupos que necesitan disputar la hegemonía de la sociedad a partir de la crítica del sentido común [4].  

Una vez fijado lo que Gramsci entiende por filosofía de la praxis podremos adentrarnos en sus elementos constitutivos. La filosofía de la praxis surge de tres corrientes de la cultura europea del siglo XIX (el idealismo alemán, el pensamiento y la práctica política francesa y la teoría económica inglesa) que son complementarias entre sí y que van a dar lugar a esta nueva concepción del mundo. La idea clave de Gramsci, es que de la síntesis de estas tres corrientes de pensamiento y cultura va a surgir una filosofía original que va a dar lugar a una nueva forma de entender la realidad social en la que vivimos, así como su historia, y va a establecer las bases, teóricas y prácticas, para su superación. En palabras del autor: “Se afirma que la filosofía de la praxis ha nacido sobre el terreno del máximo desarrollo de la cultura en la primera mitad del siglo XIX, cultura representada por la filosofía clásica alemana, la economía clásica inglesa y la literatura y la práctica política francesas… Pero ¿en qué sentido es preciso entender esta afirmación? ¿En el de que cada uno de estos tres movimientos ha contribuido a elaborar, respectivamente, la filosofía, la economía, la política de la filosofía de la praxis? ¿O quizá en el de que la filosofía de la praxis ha elaborado sintéticamente los tres movimientos, o sea, toda la cultura de la época, y que en la nueva síntesis, cualquiera sea el momento en que se la examine… se encuentra, como “momento” preparatorio, cada uno de los tres movimientos? Esto es lo que me parece. Y el momento sintético unitario, creo, debe identificarse con el nuevo concepto de inmanencia, que de su forma especulativa, ofrecida por la filosofía clásica alemana, ha sido traducido a la forma historicista, con la ayuda de la política francesa y la economía clásica inglesa” [5]. Cada uno de estos tres momentos se suponen el uno al otro y se complementan entre sí, estando las nociones de cada uno de ellos implícitas en las de los otros, de modo que forman entre sí partes constitutivas de una misma filosofía que quiere comprender la realidad para transformarla. De modo que no puede hablarse de una economía marxista separada de un pensamiento político marxista, etc. Gramsci va a resumir esta idea del siguiente modo: “Si estas tres actividades son los elementos constitutivos necesarios de una misma concepción del mundo, necesariamente debe haber, en los principios teóricos, convertibilidad de la una a la otra, traducción recíproca al propio lenguaje específico de cada elemento constitutivo: uno se halla implícito en el otro, y todos juntos forman un círculo homogéneo” [6]. 

Según Gramsci, Marx y Engels, fundadores de la filosofía de la praxis, van a tomar del idealismo alemán, (particularmente de su último exponente: Hegel), su lógica dialéctica para adaptarla a su propia concepción filosófica de carácter historicista. Ya en Hegel, la lógica se comprendía como una ciencia del conocimiento, es decir como una forma específica de pensar que no era sino el reflejo de la realidad. De modo que si se asumía la necesidad de elaborar un pensamiento complejo, capaz de albergar la contradicción en sus conceptos y de expresar el devenir en tanto concepción ontológica fundante, era precisamente porque se entendía que la realidad era móvil, compleja, contradictoria y que se encuentra en constante devenir. Es a partir de esta supuesta identidad entre lo que efectivamente sucede, lo real, y el pensamiento que Hegel pudo escribir: “Lo que es racional es real, y lo que es real es racional” [7], que no es sino una forma de expresar la identidad entre el pensamiento que efectivamente logra aprehender la realidad y la realidad misma. En este mismo sentido, René Serreau en una compilación del pensamiento de Hegel escribe sobre su lógica: “es en primer término una lógica ontológica ya que para él las leyes del pensamiento son las leyes del ser” [8]. De modo que en el pensamiento de Hegel la dialéctica es aquella modalidad lógica que logra aprehender la realidad tal y como es. Ello es señalado del siguiente modo por Serreau “En cuanto a las antinomias, debe señalarse que… se las encuentra en todas las ideas y en todas las cosas, constituyen el momento dialéctico del pensamiento lógico y permiten el enlace entre la lógica y la ontología. Para Hegel, en efecto, la contradicción está en el ser mismo... El pensamiento según el entendimiento aísla los diversos aspectos de las cosas, su fórmula es: o esto o aquello. El pensamiento según la razón aprehende, por el contrario, las cosas en su totalidad, es decir, desde un punto de vista superior que domina las diferencias ante las cuales se detiene el entendimiento. De este modo comprende verdaderamente lo real, al concebirlo como lo que puede ser a la vez esto y aquello…lo que el entendimiento separa y opone, la razón lo une en una totalidad concreta. Resuelve los contrarios en una síntesis superior, y reconduce las diferencias a la identidad… identidad concreta que contiene, plantea y desenvuelve en sí misma sus diferencias interiores. Ésta es la esencia de la dialéctica, tal como la entendió Hegel… Todo progresa así, tanto en las cosas como en el espíritu, por contradicciones que se resuelven cada vez en síntesis, de las que surgen nuevas contradicciones. Este movimiento dialéctico es un desenvolvimiento… Se realiza así el progreso dialéctico, cuyo vehículo es lo que Hegel denomina lo negativo. Lo negativo es la antítesis de donde nace la contradicción, la cual se suprime por negación de la negación al ser absorbida en una totalidad más alta… El trabajo del pensamiento lógico comprende así, según Hegel, tres momentos: 1) el momento abstracto, el del entendimiento que aísla las determinaciones; 2) el momento propiamente dialéctico, el de la razón negativa en la que surge la contradicción; 3) el momento especulativo, el de la razón positiva por la que se eleva a la síntesis… Este momento de la unidad se llama especulativo porque el concepto se reconoce en los objetos como en un espejo” [9].  

Volviendo a Gramsci, en los cuadernos de la cárcel se señala de manera similar a la apuntada más arriba la importancia de la dialéctica Hegeliana y la influencia que ejerce sobre la llamada filosofía de la praxis: “En su sistema, de una manera u otra, a pesar de su forma de ‘novela filosófica’, puede comprenderse qué es la realidad, es decir, se tiene, en un solo sistema y en un solo filósofo, esa conciencia de las contradicciones que antes resultaba del conjunto de los sistemas… contradiciéndose… En cierto sentido, por tanto, la filosofía de la praxis es una reforma y un desarrollo del hegelianismo… es la conciencia plena de las contradicciones a través de las cuales el filósofo, entendido individualmente o como grupo social entero, no solo comprende las contradicciones, sino que se coloca a sí mismo como elemento de la contradicción, eleva este elemento a principio de conocimiento y, por lo tanto, de acción… todos los conceptos dogmáticos ‘unitarios’ son disueltos y destruidos en cuanto expresión del concepto de ‘hombre en general’ o de ‘naturaleza humana’ inmanente en cada hombre” [10]. Aquí lo que parece apuntar Gramsci es que el punto de partida de la dialéctica hegeliana, la contradicción, es de suma utilidad para una filosofía que lo que pretende es entender la realidad tal y como es para transformarla. Gramsci, siguiendo a Engels, va a decir que la filosofía de la praxis toma del idealismo alemán sus aportes de la lógica dialéctica, pero trocando el idealismo, es decir la noción general de que el fundamento de la realidad existente es el desarrollo del espíritu absoluto, en historicismo absoluto, esto es: la noción general que lo único real son los hechos históricos, que deben ser analizados con rigurosidad para de ese modo estar en mejores condiciones para cambiar la realidad. En este sentido Gramsci señala: “De la crítica del hegelianismo nacen el idealismo moderno y la filosofía de la praxis. El inmanentismo hegeliano se torna historicismo, pero es historicismo absoluto solo con la filosofía de la praxis, historicismo y humanismo absolutos” [11]. Ya veremos que historicismo absoluto significa precisamente poder analizar las diferentes realidades nacionales en su mismísima especificidad para luego desarrollar los conceptos y los programas políticos necesarios para poder incidir sobre la realidad, modificándola [12]. A lo largo y a lo ancho de los cuadernos, Gramsci repite una y otra vez sin cesar, que toda actividad práctica supone cierta concepción del mundo. Así es que el lenguaje, las creencias populares arraigadas en el sentido común y las relaciones entre las personas están atravesados por filosofías que han dejado su huella en esas actividades prácticas. Pero así como esas actividades prácticas suponen una determinada concepción del mundo, aunque no homogénea por cierto, también llevan consigo una determinada forma de estructurar el pensamiento, es decir que esas actividades prácticas tienen una lógica propia. La dialéctica como forma alternativa de estructurar el pensamiento otorga sus mecanismos claves para desarticular un sentido común que actúa como la filosofía de las grandes masas y que se caracteriza por ser conservador y funcional al capitalismo. Haciendo alusión a la dialéctica, en tanto forma de estructurar el pensamiento, y señalando su importancia en la lucha contra el sentido común conservador, Gramsci señala: “La técnica del pensamiento, elaborada como tal, no creará, ciertamente, grandes filósofos, pero dará criterios de juicio y de verificación, y corregirá las deformaciones del modo de pensar del sentido común… Sería interesante un examen comparativo de la técnica del sentido común, de la filosofía del hombre de la calle, y la técnica del pensamiento reflexivo y coherente” [13]. Los criterios de juicio y de verificación serían los que señalamos más arriba, a saber: que la realidad, así como todas las cosas, se encuentra en constante devenir, es compleja y contradictoria. De modo que dicho arsenal atentaría contra la noción arraigada en el sentido común, el cual lo toma de la religión, de que la realidad es fija e inmutable.

3. Identidad entre la dialéctica y la historia. La polémica con Bujarín

Hemos visto hasta aquí de qué manera la dialéctica se constituye como uno de los elementos centrales de la filosofía de la praxis. Ahora bien, a Gramsci le interesa destacar el hecho de que no se puede entender la dialéctica como una lógica formal aislada de los procesos históricos, sino que estos deben entenderse a partir de una perspectiva dialéctica según la cual las relaciones sociales son históricas, complejas, dinámicas, contradictorias y se encuentran en constante devenir. En este sentido puede decirse que, para Gramsci la dialéctica es la historia misma y no puede por ello aislarse del estudio de la realidad concreta, lo cual implica reconocer la identidad existente entre la lógica dialéctica y el estudio de la historia. Solo una forma de estructurar el pensamiento que aluda a la necesidad de retener bajo su perspectiva una realidad compleja, contradictoria y en constante devenir, que asuma la particularidad de cada formación histórica nacional o local, más allá de sus semejanzas con otras, podrá comprender el desenvolvimiento histórico real, para luego incidir sobre él. El pensamiento dogmático, cuyo sostén epistemológico es el positivismo, que no asume la necesidad de pensar cada formación histórica en su mismísima singularidad nunca podrá captar el desenvolvimiento histórico en toda su riqueza, tal es la disputa teórica que nuestro autor mantiene con Bujarín y su Ensayo popular [14].

Otro punto de divergencia entre los autores estriba en que, según Gramsci, Bujarín al no trabajar en su ensayo el concepto de dialéctica ha demostrado no comprender la importancia que ella tiene para la filosofía de la praxis y la transformación de la realidad puesto que, sólo una filosofía que parta de la noción dialéctica según la cual la realidad es dinámica, compleja y contradictoria puede aspirar a una praxis transformadora. En un extenso pasaje el autor problematiza esta cuestión del siguiente modo: “El ensayo carece de todo estudio de la dialéctica. La dialéctica es presupuesta muy superficialmente, no expuesta, cosa absurda en un manual, que debería contener los elementos esenciales de la doctrina examinada y cuyas referencias bibliográficas tendrían que estar dirigidas a estimular el estudio para ensanchar y profundizar en el tema y no sustituir el manual mismo. La ausencia de un estudio de la dialéctica puede tener dos orígenes; el primero puede provenir del hecho de que se supone que la filosofía de la praxis se halla dividida en dos elementos: una teoría de la historia y de la política entendida como sociología, que debe ser construida según los métodos de las ciencias naturales (experimentales, en el sentido estrechamente positivista), y una filosofía propiamente dicha, que sería el materialismo filosófico, o metafísico o mecánico (vulgar)… Planteado así el problema, no se comprende ya la importancia y el significado de la dialéctica, que, de doctrina del conocimiento y sustancia medular de la historiografía, es degradada a una especie de lógica formal, a una escolástica elemental. La función y el significado de la dialéctica pueden ser concebidos en toda su fundamentalidad, sólo si la filosofía de la praxis es concebida como una filosofía integral y original que inicia una nueva fase en la historia y en el desarrollo mundial del conocimiento, en cuanto supera (y en cuanto superando incluye en sí los elementos vitales) el idealismo y el materialismo tradicionales, expresiones de la vieja sociedad. Si la filosofía de la praxis sólo es pensada como subordinada a otra filosofía no se puede concebir la nueva dialéctica, en la cual, justamente, dicha superación se efectúa y se expresa…El segundo origen parece ser de carácter psicológico. Se siente que la dialéctica es cosa ardua y muy difícil, en cuanto el pensamiento dialéctico va contra el vulgar sentido común, que es dogmático y ávido de certidumbres perentorias, y que tiene como expresión a la lógica formal” [15]. Precisamente, y ligado con esto último, la necesidad de partir de una lógica dialéctica, para la elaboración de una concepción del mundo que se plantee la superación de la actual sociedad, estriba en el hecho de que para poder subvertir el orden establecido tal concepción debe penetrar el sentido común, esto es: debe tornarse en concepción hegemónica dominante, y por ello debe desarticular la lógica misma a partir de la cual se estructura dicho sentido común, según como lo vimos más arriba. Por ello, Gramsci continúa su polémica con Bujarín del siguiente modo: “en verdad capitula entre el sentido común y el pensamiento vulgar… El ambiente ineducado y rústico ha dominado al educador, el vulgar sentido común se ha impuesto a la ciencia, y no a la inversa. Si el ambiente es el educador, éste debe ser educado a su vez; pero el autor del Ensayo no entiende esta dialéctica revolucionaria. La raíz de todos los errores del Ensayo y de su autor… consiste justamente en esta pretensión de dividir la filosofía de la praxis en dos partes: una “sociología” y una filosofía sistémica. Apartada de la teoría de la historia y de la política, la filosofía sólo puede ser metafísica; en tanto que la gran conquista de la historia del pensamiento moderno, representada por la filosofía de la praxis, es justamente la historización concreta de la filosofía y su identificación con la historia” [16]. Tampoco en el Ensayo de Bujarín se encuentra una crítica a la metafísica y a la filosofía de tipo transcendental las cuales establecen la permanencia en el tiempo y en el espacio de verdades políticas, económicas y sociales válidas para todo tiempo y lugar, y en este sentido ahistóricas. Gramsci cree que con ello, Bujarín ha renunciado a todo intento serio por continuar una filosofía que se proponga la transformación de la realidad social en la que vivimos, más allá de sus intenciones, porque desde un primer momento se mostró reacio a encarar el estudio de la historia desde una perspectiva dialéctica [17]. 

4. El historicismo absoluto, nociones generales 

Ya hemos analizado, como en el pensamiento de los “Cuadernos”, Gramsci entiende que la dialéctica es un elemento teórico de vital importancia para el desarrollo de la filosofía de la praxis. También como los fundadores de la filosofía de la praxis han trocado la dialéctica hegeliana que de ser el sostén lógico del idealismo alemán deviene en elemento fundamental para analizar la historia y la realidad en la que vivimos, ello que Gramsci llama historicismo absoluto que no es otra cosa que la propia filosofía de la praxis, una filosofía que se propone comprender la realidad para transformarla. En este pasaje vamos a intentar dilucidar de manera general en qué consiste este historicismo absoluto.  

La filosofía de la praxis en tanto historicismo absoluto, estudia las relaciones reales que las personas han mantenido entre sí a lo largo de la historia de la humanidad y las que mantienen en la actualidad. La finalidad política de dicho estudio estriba en poder transformar la realidad social en la que se vive, puesto que no se puede transformar lo que no se conoce, inspirando la acción política de los sectores subalternos (populares) y haciendo evidente la necesidad del cambio social en su conciencia política. Las relaciones sociales que las personas mantienen entre sí se consideran como históricamente determinadas, es decir: tienen un principio y un final, son en este sentido de duración finita. También sucede lo propio con las elaboraciones filosóficas e ideológicas, son históricas y tienen un período de vida determinado. Es en este sentido que las llamadas superestructuras son consideradas por la filosofía de la praxis como meras “apariencias”, no porque sean falsas sino porque están condenadas a su desaparición ni bien la praxis transformadora de las personas modifique el orden social establecido [18]. 

Más allá del devenir histórico y de la historicidad de las formaciones económico- sociales, Gramsci advierte sobre la necesidad de teorizar los acontecimientos históricos, siempre y cuando el estudio de la historia preceda a la teorización y no viceversa: “la filosofía de la praxis se realiza en el estudio concreto de la historia pasada y en la actual actividad de creación de nuestra historia. Pero se puede hacer la teoría de la historia de la política, puesto que si los hechos son siempre individuales y mudables en el flujo del movimiento histórico, los conceptos pueden ser teorizados. De otra manera, no se podría saber siquiera qué es el movimiento o la dialéctica, y se caería en una nueva forma de nominalismo… La experiencia en que se basa la filosofía de la praxis no puede ser esquematizada; es la historia misma en su infinita variedad y multiplicidad, cuyo estudio puede dar lugar al nacimiento de la ‘filología’ como método de la erudición, en la verificación de los hechos particulares, y al nacimiento de la filosofía, entendida como metodología general de la historia” [19]. La importancia de analizar la realidad social que se estudia en su mismísima particularidad para recién después llevar a cabo la teorizaciones correspondientes reviste una importancia de carácter político indudable. Porque de ese modo parecería ser que se resguarda al análisis de los criterios teóricos dogmáticos que en vez de analizar cada realidad histórica en su originalidad parten de un esquema abstracto que aplican para el estudio de cualquier sociedad. Tal era el problema con la metodología histórica desarrollada por Bujarín en el Ensayo criticado por Gramsci, y tal fue la modalidad adoptada por los teóricos de la URSS a partir de la muerte de Lenin. De este modo la teoría se distancia cada vez más de la realidad concreta en la que se desarrolla la práctica política y a partir de la cual se pretende incidir sobre el desarrollo histórico. En un famoso libro, Aricó reconoce la potencialidad de los cuadernos en este preciso aspecto: en que tomados de conjunto se constituían como un arsenal teórico capaz de combatir el dogmatismo teórico llevado a cabo por los partidos comunistas nacionales, sobre todo el dogmatismo inherente al Partido Comunista Argentino [20]. En el mismo sentido, ya en un texto de la etapa pre carcelaria, “La cuestión meridional”, Gramsci señalaba la necesidad e importancia de entender la realidad específica de Italia al momento de desarrollar la estrategia política de la etapa correspondiente, señalando que en Italia era imposible una revolución social sin el amplio apoyo de las masas campesinas del sur [21]. 

Para la filosofía de la praxis el estudio de la historia y de la realidad social en la que vivimos supone un análisis de las diferentes dimensiones de lo social: lo económico, lo político, lo cultural, etc. De modo que los aportes que cada una de las ciencias particulares puedan brindar no deben hacerle perder de vista nunca la perspectiva de totalidad, más allá de que se reconozca a la realidad constituida como por varias dimensiones. El siguiente pasaje apunta bastante bien este aspecto de la filosofía de la praxis: “Se preguntará si la filosofía de la praxis no es específicamente una teoría de la historia; a ello se contestará que sí, pero que por lo mismo no pueden separarse de la historia, la política y la economía, ni tampoco en sus fases especializadas de ciencia y arte de la política, y de la ciencia y política económica. O sea: luego de haber realizado, en la parte filosófica general- que es propia y verdaderamente la filosofía de la praxis, la ciencia de la dialéctica o gnoseología, en la cual los conceptos generales de historia, de política, de economía, se anudan en unidad orgánica-, el objetivo principal, es útil, en un ensayo popular, dar las nociones generales de cada momento o parte constitutiva, también en cuanto ciencia independiente y distinta” [22]. 

5. Conclusión

En estos apuntes hemos intentado adentrar al lector y a la lectora al estudio de la noción de la filosofía de la praxis y, fundamentalmente, del concepto de dialéctica en la obra de Antonio Gramsci. La tarea no ha sido fácil pero a lo largo de los mismos hemos visto la importancia que este concepto reviste en la estructura general de la obra del autor. En síntesis, podemos decir que se constituye como el elemento lógico indispensable para conformar una filosofía de nuevo tipo, que se oriente a transformar la realidad social en la que vivimos. También sus modalidades metodológicas constitutivas permiten un debate frontal con las estructuras de pensamiento que pretenden hacer pasar determinadas verdades (las relaciones sociales, por ejemplo) como válidas para todo tiempo y lugar; nos referimos al marxismo vulgar (cuyo representante teórico desarrollado en estos apuntes es Bujarín), el sentido común, la filosofía transcendental, el positivismo y el materialismo tradicional, entre otros. Mientras que estas formas de pensamiento, más allá de sus apariencias, estructuran su pensamiento a partir de la búsqueda de regularidades, el pensamiento dialéctico se estructura a partir de la consideración ontológica de que la realidad es dinámica, compleja, contradictoria y se encuentra en constante devenir. Creemos junto con Gramsci que, solamente una lógica de este tipo, que es a su vez histórica, puede constituirse como el elemento articulador de una práctica política y de un pensamiento político que pretendan transformar la sociedad en la que vivimos, para dar lugar a nuevas formaciones históricas. En la medida en que toda concepción filosófica, toda actividad práctica y todo tipo de pensamiento suponen una lógica específica que los sostengan, nosotros creemos que la lógica de los sectores populares (subalternos) tiene que ser necesariamente dialéctica, si lo que se busca es modificar el estado de cosas actuales y configurar un nuevo tipo de hegemonía política, a nivel local, nacional y continental que contenga las aspiraciones y los intereses de los sectores mayoritarios de la sociedad. Por ello, nos hemos tomado el trabajo de sistematizar aquí los aportes que Gramsci ofreció al respecto. 


Bibliografía  

· Aricó, José M. 2005. La cola del diablo. Itinerario de Gramsci en América Latina. Siglo XXI editores. Buenos Aires.  

· Gramsci, Antonio. 2008. El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce. Nueva Visión. Buenos Aires.  

· Gramsci, Antonio. 2009a. Antología. Siglo XXI editores. Buenos Aires.  

· Gramsci, Antonio. 2009. Los intelectuales y la organización de la cultura. Nueva Visión. Buenos Aires.  

· Gramsci, Antonio. 2011. Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno. Nueva Visión. Buenos Aires.   

· Santucci, Antonio. 2004. Gramsci. LOM. Santiago de Chile.  

· Serreau, René. 1993. Hegel y el hegelianismo. EUDEBA. Buenos Aires.  

· Ulianov, Vladimir Ilich (Lenin). En torno a la cuestión de la dialéctica. Disponible en: marxists.org.    


Notas

[1] Para más información acerca del tratamiento de estos conceptos y otros, Véase Gramsci (2008) y Gramsci (2011). 

[2] La definición de filosofía e ideología nos la da el autor en el siguiente pasaje: “Es filosofía la concepción del mundo que expresa la vida intelectual y moral (catarsis de una determinada vida práctica) de un grupo social entero, concebido en movimiento y, por lo tanto, visto no sólo en sus intereses actuales e inmediatos, sino en los futuros y mediatos; es ideología cada particular concepción de los grupos internos de la clase, que se proponen ayudar a la solución de problemas inmediatos y circunscritos” (Gramsci, 2008: 203).  

[3] “La filosofía de la praxis ha nacido por pura casualidad en forma de aforismos y de criterios prácticos, porque su fundador dedicó esfuerzos intelectuales, en forma sistemática, a otros problemas, especialmente económicos; pero en estos criterios prácticos y en estos aforismos se halla implícita toda una concepción del mundo, una filosofía”. Ídem, 132. 

[4] “Por su carácter tendencial de filosofía de masas, la filosofía de la praxis no puede ser concebida sino en forma polémica, de perpetua lucha. Sin embargo, el punto de partida debe ser siempre el sentido común, que espontáneamente es la filosofía de las multitudes a las que se trata de tornar ideológicamente homogéneas”. Ídem, 127. Véase también del mismo autor 30; 95- 96 y 125- 126. 

[5] Ídem, 97. 

[6] Ídem, 99. 

[7] Véase al respecto, Serreau (1993). 

[8] Ídem, 20. 

[9] Ídem, 14- 16.

[10] Gramsci (2008: 101). 

[11] Ídem, 113. 

[12] Véase al respecto Aricó (2005).  

[13] Gramsci (2008: 70). También véase del mismo autor, 67- 69. 

[14] La polémica con Bujarín se encuentra desarrollada en Gramsci (2008: 125- 180). 

[15] Ídem 139- 140. 

[16] Ídem 140- 141.  

[17] Ídem, 141- 142. 

[18] A este respecto véase la polémica que el autor mantiene con Croce. Gramsci (2008: 180- 210). 

[19] Ídem, 133- 134.  

[20] Véase Aricó (2005: capítulo 3). 

[21] Véase al respecto Gramsci (2009a: 192- 199).    

[22] Gramsci (2008: 136). 


Escrito por Fernando Verón, Licenciado en Ciencia Política