domingo, 8 de junio de 2025

Apuntes de formación política. Número 1

Antonio Gramsci y la dialéctica


1. Introducción

El abordaje del análisis sistemático, aunque sea parcial, de una obra como la de Antonio Gramsci no es tarea sencilla. Por el estilo de vida que tuvo el autor que vamos a abordar, antes que nada militante político de la causa comunista, no resulta simple rastrear sus principales aportes al campo de la teoría política y social. En gran medida porque Gramsci nunca tuvo tiempo, tal vez tampoco le hubiese interesado, de escribir una obra que encuentre a sus principales conceptos desarrollados de manera sistemática. Por el contrario, sus principales aportes los hallamos en sus escritos de polémica política, de militancia o como periodista (desarrollados entre 1916 y 1926) o bien, en escritos fragmentarios y provisorios conocidos popularmente como los “Cuadernos de la cárcel” (desarrollados entre los años 1926 y 1937, período en el que Gramsci llevó a cabo una serie de reflexiones al interior de la cárcel bajo el régimen fascista italiano). 

En estos apuntes nos interesa adentrarnos en uno de los conceptos no demasiado indagados por la bibliografía especializada en el autor, al menos no en los textos a los que nosotros hemos tenido acceso. Nos referimos al tratamiento del concepto de dialéctica en la obra de Gramsci. Y elegimos abordar de la mejor manera posible este concepto y no otro porque creemos que la importancia de la dialéctica en el pensamiento político y social del autor que estudiamos es de una importancia teórico- política fundamental.  Creemos que, para la perspectiva de este autor, un pensamiento político que busque incidir sobre la realidad social en la que vivimos, comprendiéndola para simultáneamente transformarla, no puede dejar de basarse en una lógica de tipo dialéctica. De ahí que no resulta incompatible relacionar el desarrollo de este concepto de Gramsci con la perspectiva política peronista, nacional y popular, que nosotros y nosotras reivindicamos.  

Por ello, el objetivo principal de estos apuntes estriba en poder brindar una introducción adecuada al tratamiento del concepto en cuestión y fomentar el estudio del problema en posteriores análisis. Para ello, vamos a basarnos principalmente en los textos de la etapa carcelaria, utilizando algún otro de manera subsidiaria.   

2. La dialéctica como elemento constitutivo de la filosofía de la praxis

Como señalamos más arriba, una de las dificultades inherentes al tratamiento del concepto de la dialéctica en el pensamiento de Antonio Gramsci estriba en el carácter fragmentario de los “Cuadernos de la cárcel”. Como con tantos otros conceptos, el autor pareciera señalar la importancia de la temática en cuestión en forma de apuntes que luego deberían ser desarrollados en ulteriores investigaciones. Sin embargo, y a juzgar por los mismos textos, existen claras evidencias de que para Gramsci la dialéctica no era un concepto como cualquier otro sino que más bien se trata del concepto que atraviesa, ya sea de manera explícita o implícita, todos sus apuntes de la cárcel. No pueden pensarse ninguno de sus principales aportes: la visión ampliada del Estado, entendido como ejercicio de la coerción más el consenso por parte de los grupos dirigentes para asegurar el dominio de su hegemonía política y por tanto económica y social; la traductibilidad de los lenguajes científicos; la importancia de la “guerra de posición” y de la “guerra de movimiento” en la estrategia y la táctica política; si no se tiene en cuenta que todos se desarrollan desde una perspectiva dialéctica tratando de mostrarlos como conceptos históricos, esto es: reductibles a determinados tipos de sociedades, y que se manifiestan de manera contradictoria [1].  

Ahora bien, antes de señalar la importancia que tiene la dialéctica en el pensamiento de nuestro autor, en tanto elemento constitutivo de la filosofía de la praxis, resulta relevante comprender, aunque sea a grandes rasgos, en qué consiste esta filosofía.  

Gramsci llama filosofía de la praxis a aquella filosofía [2] implícita en los trabajos de Carlos Marx que no puede encontrarse en ningún texto en particular del autor sino que más bien se halla dispersa a lo largo y a lo ancho de su obra [3]. Por lo que la tarea de su reconstrucción es uno de los objetivos que se propone en la cárcel. La importancia de hacerlo estriba en que la filosofía de la praxis es una concepción del mundo capaz de disputar la hegemonía por la dirección moral de la sociedad a las filosofías dominantes que se han hecho carne en el sentido común de las sociedades existentes. No puede haber transformación del orden económico y social, al menos en las sociedades del occidente desarrollado, si no se gana la batalla cultural por la disputa del sentido común. Por lo tanto, según Gramsci la filosofía de la praxis expresa los intereses vitales de los grupos subalternos (es decir: no dominantes), de aquellos grupos que necesitan disputar la hegemonía de la sociedad a partir de la crítica del sentido común [4].  

Una vez fijado lo que Gramsci entiende por filosofía de la praxis podremos adentrarnos en sus elementos constitutivos. La filosofía de la praxis surge de tres corrientes de la cultura europea del siglo XIX (el idealismo alemán, el pensamiento y la práctica política francesa y la teoría económica inglesa) que son complementarias entre sí y que van a dar lugar a esta nueva concepción del mundo. La idea clave de Gramsci, es que de la síntesis de estas tres corrientes de pensamiento y cultura va a surgir una filosofía original que va a dar lugar a una nueva forma de entender la realidad social en la que vivimos, así como su historia, y va a establecer las bases, teóricas y prácticas, para su superación. En palabras del autor: “Se afirma que la filosofía de la praxis ha nacido sobre el terreno del máximo desarrollo de la cultura en la primera mitad del siglo XIX, cultura representada por la filosofía clásica alemana, la economía clásica inglesa y la literatura y la práctica política francesas… Pero ¿en qué sentido es preciso entender esta afirmación? ¿En el de que cada uno de estos tres movimientos ha contribuido a elaborar, respectivamente, la filosofía, la economía, la política de la filosofía de la praxis? ¿O quizá en el de que la filosofía de la praxis ha elaborado sintéticamente los tres movimientos, o sea, toda la cultura de la época, y que en la nueva síntesis, cualquiera sea el momento en que se la examine… se encuentra, como “momento” preparatorio, cada uno de los tres movimientos? Esto es lo que me parece. Y el momento sintético unitario, creo, debe identificarse con el nuevo concepto de inmanencia, que de su forma especulativa, ofrecida por la filosofía clásica alemana, ha sido traducido a la forma historicista, con la ayuda de la política francesa y la economía clásica inglesa” [5]. Cada uno de estos tres momentos se suponen el uno al otro y se complementan entre sí, estando las nociones de cada uno de ellos implícitas en las de los otros, de modo que forman entre sí partes constitutivas de una misma filosofía que quiere comprender la realidad para transformarla. De modo que no puede hablarse de una economía marxista separada de un pensamiento político marxista, etc. Gramsci va a resumir esta idea del siguiente modo: “Si estas tres actividades son los elementos constitutivos necesarios de una misma concepción del mundo, necesariamente debe haber, en los principios teóricos, convertibilidad de la una a la otra, traducción recíproca al propio lenguaje específico de cada elemento constitutivo: uno se halla implícito en el otro, y todos juntos forman un círculo homogéneo” [6]. 

Según Gramsci, Marx y Engels, fundadores de la filosofía de la praxis, van a tomar del idealismo alemán, (particularmente de su último exponente: Hegel), su lógica dialéctica para adaptarla a su propia concepción filosófica de carácter historicista. Ya en Hegel, la lógica se comprendía como una ciencia del conocimiento, es decir como una forma específica de pensar que no era sino el reflejo de la realidad. De modo que si se asumía la necesidad de elaborar un pensamiento complejo, capaz de albergar la contradicción en sus conceptos y de expresar el devenir en tanto concepción ontológica fundante, era precisamente porque se entendía que la realidad era móvil, compleja, contradictoria y que se encuentra en constante devenir. Es a partir de esta supuesta identidad entre lo que efectivamente sucede, lo real, y el pensamiento que Hegel pudo escribir: “Lo que es racional es real, y lo que es real es racional” [7], que no es sino una forma de expresar la identidad entre el pensamiento que efectivamente logra aprehender la realidad y la realidad misma. En este mismo sentido, René Serreau en una compilación del pensamiento de Hegel escribe sobre su lógica: “es en primer término una lógica ontológica ya que para él las leyes del pensamiento son las leyes del ser” [8]. De modo que en el pensamiento de Hegel la dialéctica es aquella modalidad lógica que logra aprehender la realidad tal y como es. Ello es señalado del siguiente modo por Serreau “En cuanto a las antinomias, debe señalarse que… se las encuentra en todas las ideas y en todas las cosas, constituyen el momento dialéctico del pensamiento lógico y permiten el enlace entre la lógica y la ontología. Para Hegel, en efecto, la contradicción está en el ser mismo... El pensamiento según el entendimiento aísla los diversos aspectos de las cosas, su fórmula es: o esto o aquello. El pensamiento según la razón aprehende, por el contrario, las cosas en su totalidad, es decir, desde un punto de vista superior que domina las diferencias ante las cuales se detiene el entendimiento. De este modo comprende verdaderamente lo real, al concebirlo como lo que puede ser a la vez esto y aquello…lo que el entendimiento separa y opone, la razón lo une en una totalidad concreta. Resuelve los contrarios en una síntesis superior, y reconduce las diferencias a la identidad… identidad concreta que contiene, plantea y desenvuelve en sí misma sus diferencias interiores. Ésta es la esencia de la dialéctica, tal como la entendió Hegel… Todo progresa así, tanto en las cosas como en el espíritu, por contradicciones que se resuelven cada vez en síntesis, de las que surgen nuevas contradicciones. Este movimiento dialéctico es un desenvolvimiento… Se realiza así el progreso dialéctico, cuyo vehículo es lo que Hegel denomina lo negativo. Lo negativo es la antítesis de donde nace la contradicción, la cual se suprime por negación de la negación al ser absorbida en una totalidad más alta… El trabajo del pensamiento lógico comprende así, según Hegel, tres momentos: 1) el momento abstracto, el del entendimiento que aísla las determinaciones; 2) el momento propiamente dialéctico, el de la razón negativa en la que surge la contradicción; 3) el momento especulativo, el de la razón positiva por la que se eleva a la síntesis… Este momento de la unidad se llama especulativo porque el concepto se reconoce en los objetos como en un espejo” [9].  

Volviendo a Gramsci, en los cuadernos de la cárcel se señala de manera similar a la apuntada más arriba la importancia de la dialéctica Hegeliana y la influencia que ejerce sobre la llamada filosofía de la praxis: “En su sistema, de una manera u otra, a pesar de su forma de ‘novela filosófica’, puede comprenderse qué es la realidad, es decir, se tiene, en un solo sistema y en un solo filósofo, esa conciencia de las contradicciones que antes resultaba del conjunto de los sistemas… contradiciéndose… En cierto sentido, por tanto, la filosofía de la praxis es una reforma y un desarrollo del hegelianismo… es la conciencia plena de las contradicciones a través de las cuales el filósofo, entendido individualmente o como grupo social entero, no solo comprende las contradicciones, sino que se coloca a sí mismo como elemento de la contradicción, eleva este elemento a principio de conocimiento y, por lo tanto, de acción… todos los conceptos dogmáticos ‘unitarios’ son disueltos y destruidos en cuanto expresión del concepto de ‘hombre en general’ o de ‘naturaleza humana’ inmanente en cada hombre” [10]. Aquí lo que parece apuntar Gramsci es que el punto de partida de la dialéctica hegeliana, la contradicción, es de suma utilidad para una filosofía que lo que pretende es entender la realidad tal y como es para transformarla. Gramsci, siguiendo a Engels, va a decir que la filosofía de la praxis toma del idealismo alemán sus aportes de la lógica dialéctica, pero trocando el idealismo, es decir la noción general de que el fundamento de la realidad existente es el desarrollo del espíritu absoluto, en historicismo absoluto, esto es: la noción general que lo único real son los hechos históricos, que deben ser analizados con rigurosidad para de ese modo estar en mejores condiciones para cambiar la realidad. En este sentido Gramsci señala: “De la crítica del hegelianismo nacen el idealismo moderno y la filosofía de la praxis. El inmanentismo hegeliano se torna historicismo, pero es historicismo absoluto solo con la filosofía de la praxis, historicismo y humanismo absolutos” [11]. Ya veremos que historicismo absoluto significa precisamente poder analizar las diferentes realidades nacionales en su mismísima especificidad para luego desarrollar los conceptos y los programas políticos necesarios para poder incidir sobre la realidad, modificándola [12]. A lo largo y a lo ancho de los cuadernos, Gramsci repite una y otra vez sin cesar, que toda actividad práctica supone cierta concepción del mundo. Así es que el lenguaje, las creencias populares arraigadas en el sentido común y las relaciones entre las personas están atravesados por filosofías que han dejado su huella en esas actividades prácticas. Pero así como esas actividades prácticas suponen una determinada concepción del mundo, aunque no homogénea por cierto, también llevan consigo una determinada forma de estructurar el pensamiento, es decir que esas actividades prácticas tienen una lógica propia. La dialéctica como forma alternativa de estructurar el pensamiento otorga sus mecanismos claves para desarticular un sentido común que actúa como la filosofía de las grandes masas y que se caracteriza por ser conservador y funcional al capitalismo. Haciendo alusión a la dialéctica, en tanto forma de estructurar el pensamiento, y señalando su importancia en la lucha contra el sentido común conservador, Gramsci señala: “La técnica del pensamiento, elaborada como tal, no creará, ciertamente, grandes filósofos, pero dará criterios de juicio y de verificación, y corregirá las deformaciones del modo de pensar del sentido común… Sería interesante un examen comparativo de la técnica del sentido común, de la filosofía del hombre de la calle, y la técnica del pensamiento reflexivo y coherente” [13]. Los criterios de juicio y de verificación serían los que señalamos más arriba, a saber: que la realidad, así como todas las cosas, se encuentra en constante devenir, es compleja y contradictoria. De modo que dicho arsenal atentaría contra la noción arraigada en el sentido común, el cual lo toma de la religión, de que la realidad es fija e inmutable.

3. Identidad entre la dialéctica y la historia. La polémica con Bujarín

Hemos visto hasta aquí de qué manera la dialéctica se constituye como uno de los elementos centrales de la filosofía de la praxis. Ahora bien, a Gramsci le interesa destacar el hecho de que no se puede entender la dialéctica como una lógica formal aislada de los procesos históricos, sino que estos deben entenderse a partir de una perspectiva dialéctica según la cual las relaciones sociales son históricas, complejas, dinámicas, contradictorias y se encuentran en constante devenir. En este sentido puede decirse que, para Gramsci la dialéctica es la historia misma y no puede por ello aislarse del estudio de la realidad concreta, lo cual implica reconocer la identidad existente entre la lógica dialéctica y el estudio de la historia. Solo una forma de estructurar el pensamiento que aluda a la necesidad de retener bajo su perspectiva una realidad compleja, contradictoria y en constante devenir, que asuma la particularidad de cada formación histórica nacional o local, más allá de sus semejanzas con otras, podrá comprender el desenvolvimiento histórico real, para luego incidir sobre él. El pensamiento dogmático, cuyo sostén epistemológico es el positivismo, que no asume la necesidad de pensar cada formación histórica en su mismísima singularidad nunca podrá captar el desenvolvimiento histórico en toda su riqueza, tal es la disputa teórica que nuestro autor mantiene con Bujarín y su Ensayo popular [14].

Otro punto de divergencia entre los autores estriba en que, según Gramsci, Bujarín al no trabajar en su ensayo el concepto de dialéctica ha demostrado no comprender la importancia que ella tiene para la filosofía de la praxis y la transformación de la realidad puesto que, sólo una filosofía que parta de la noción dialéctica según la cual la realidad es dinámica, compleja y contradictoria puede aspirar a una praxis transformadora. En un extenso pasaje el autor problematiza esta cuestión del siguiente modo: “El ensayo carece de todo estudio de la dialéctica. La dialéctica es presupuesta muy superficialmente, no expuesta, cosa absurda en un manual, que debería contener los elementos esenciales de la doctrina examinada y cuyas referencias bibliográficas tendrían que estar dirigidas a estimular el estudio para ensanchar y profundizar en el tema y no sustituir el manual mismo. La ausencia de un estudio de la dialéctica puede tener dos orígenes; el primero puede provenir del hecho de que se supone que la filosofía de la praxis se halla dividida en dos elementos: una teoría de la historia y de la política entendida como sociología, que debe ser construida según los métodos de las ciencias naturales (experimentales, en el sentido estrechamente positivista), y una filosofía propiamente dicha, que sería el materialismo filosófico, o metafísico o mecánico (vulgar)… Planteado así el problema, no se comprende ya la importancia y el significado de la dialéctica, que, de doctrina del conocimiento y sustancia medular de la historiografía, es degradada a una especie de lógica formal, a una escolástica elemental. La función y el significado de la dialéctica pueden ser concebidos en toda su fundamentalidad, sólo si la filosofía de la praxis es concebida como una filosofía integral y original que inicia una nueva fase en la historia y en el desarrollo mundial del conocimiento, en cuanto supera (y en cuanto superando incluye en sí los elementos vitales) el idealismo y el materialismo tradicionales, expresiones de la vieja sociedad. Si la filosofía de la praxis sólo es pensada como subordinada a otra filosofía no se puede concebir la nueva dialéctica, en la cual, justamente, dicha superación se efectúa y se expresa…El segundo origen parece ser de carácter psicológico. Se siente que la dialéctica es cosa ardua y muy difícil, en cuanto el pensamiento dialéctico va contra el vulgar sentido común, que es dogmático y ávido de certidumbres perentorias, y que tiene como expresión a la lógica formal” [15]. Precisamente, y ligado con esto último, la necesidad de partir de una lógica dialéctica, para la elaboración de una concepción del mundo que se plantee la superación de la actual sociedad, estriba en el hecho de que para poder subvertir el orden establecido tal concepción debe penetrar el sentido común, esto es: debe tornarse en concepción hegemónica dominante, y por ello debe desarticular la lógica misma a partir de la cual se estructura dicho sentido común, según como lo vimos más arriba. Por ello, Gramsci continúa su polémica con Bujarín del siguiente modo: “en verdad capitula entre el sentido común y el pensamiento vulgar… El ambiente ineducado y rústico ha dominado al educador, el vulgar sentido común se ha impuesto a la ciencia, y no a la inversa. Si el ambiente es el educador, éste debe ser educado a su vez; pero el autor del Ensayo no entiende esta dialéctica revolucionaria. La raíz de todos los errores del Ensayo y de su autor… consiste justamente en esta pretensión de dividir la filosofía de la praxis en dos partes: una “sociología” y una filosofía sistémica. Apartada de la teoría de la historia y de la política, la filosofía sólo puede ser metafísica; en tanto que la gran conquista de la historia del pensamiento moderno, representada por la filosofía de la praxis, es justamente la historización concreta de la filosofía y su identificación con la historia” [16]. Tampoco en el Ensayo de Bujarín se encuentra una crítica a la metafísica y a la filosofía de tipo transcendental las cuales establecen la permanencia en el tiempo y en el espacio de verdades políticas, económicas y sociales válidas para todo tiempo y lugar, y en este sentido ahistóricas. Gramsci cree que con ello, Bujarín ha renunciado a todo intento serio por continuar una filosofía que se proponga la transformación de la realidad social en la que vivimos, más allá de sus intenciones, porque desde un primer momento se mostró reacio a encarar el estudio de la historia desde una perspectiva dialéctica [17]. 

4. El historicismo absoluto, nociones generales 

Ya hemos analizado, como en el pensamiento de los “Cuadernos”, Gramsci entiende que la dialéctica es un elemento teórico de vital importancia para el desarrollo de la filosofía de la praxis. También como los fundadores de la filosofía de la praxis han trocado la dialéctica hegeliana que de ser el sostén lógico del idealismo alemán deviene en elemento fundamental para analizar la historia y la realidad en la que vivimos, ello que Gramsci llama historicismo absoluto que no es otra cosa que la propia filosofía de la praxis, una filosofía que se propone comprender la realidad para transformarla. En este pasaje vamos a intentar dilucidar de manera general en qué consiste este historicismo absoluto.  

La filosofía de la praxis en tanto historicismo absoluto, estudia las relaciones reales que las personas han mantenido entre sí a lo largo de la historia de la humanidad y las que mantienen en la actualidad. La finalidad política de dicho estudio estriba en poder transformar la realidad social en la que se vive, puesto que no se puede transformar lo que no se conoce, inspirando la acción política de los sectores subalternos (populares) y haciendo evidente la necesidad del cambio social en su conciencia política. Las relaciones sociales que las personas mantienen entre sí se consideran como históricamente determinadas, es decir: tienen un principio y un final, son en este sentido de duración finita. También sucede lo propio con las elaboraciones filosóficas e ideológicas, son históricas y tienen un período de vida determinado. Es en este sentido que las llamadas superestructuras son consideradas por la filosofía de la praxis como meras “apariencias”, no porque sean falsas sino porque están condenadas a su desaparición ni bien la praxis transformadora de las personas modifique el orden social establecido [18]. 

Más allá del devenir histórico y de la historicidad de las formaciones económico- sociales, Gramsci advierte sobre la necesidad de teorizar los acontecimientos históricos, siempre y cuando el estudio de la historia preceda a la teorización y no viceversa: “la filosofía de la praxis se realiza en el estudio concreto de la historia pasada y en la actual actividad de creación de nuestra historia. Pero se puede hacer la teoría de la historia de la política, puesto que si los hechos son siempre individuales y mudables en el flujo del movimiento histórico, los conceptos pueden ser teorizados. De otra manera, no se podría saber siquiera qué es el movimiento o la dialéctica, y se caería en una nueva forma de nominalismo… La experiencia en que se basa la filosofía de la praxis no puede ser esquematizada; es la historia misma en su infinita variedad y multiplicidad, cuyo estudio puede dar lugar al nacimiento de la ‘filología’ como método de la erudición, en la verificación de los hechos particulares, y al nacimiento de la filosofía, entendida como metodología general de la historia” [19]. La importancia de analizar la realidad social que se estudia en su mismísima particularidad para recién después llevar a cabo la teorizaciones correspondientes reviste una importancia de carácter político indudable. Porque de ese modo parecería ser que se resguarda al análisis de los criterios teóricos dogmáticos que en vez de analizar cada realidad histórica en su originalidad parten de un esquema abstracto que aplican para el estudio de cualquier sociedad. Tal era el problema con la metodología histórica desarrollada por Bujarín en el Ensayo criticado por Gramsci, y tal fue la modalidad adoptada por los teóricos de la URSS a partir de la muerte de Lenin. De este modo la teoría se distancia cada vez más de la realidad concreta en la que se desarrolla la práctica política y a partir de la cual se pretende incidir sobre el desarrollo histórico. En un famoso libro, Aricó reconoce la potencialidad de los cuadernos en este preciso aspecto: en que tomados de conjunto se constituían como un arsenal teórico capaz de combatir el dogmatismo teórico llevado a cabo por los partidos comunistas nacionales, sobre todo el dogmatismo inherente al Partido Comunista Argentino [20]. En el mismo sentido, ya en un texto de la etapa pre carcelaria, “La cuestión meridional”, Gramsci señalaba la necesidad e importancia de entender la realidad específica de Italia al momento de desarrollar la estrategia política de la etapa correspondiente, señalando que en Italia era imposible una revolución social sin el amplio apoyo de las masas campesinas del sur [21]. 

Para la filosofía de la praxis el estudio de la historia y de la realidad social en la que vivimos supone un análisis de las diferentes dimensiones de lo social: lo económico, lo político, lo cultural, etc. De modo que los aportes que cada una de las ciencias particulares puedan brindar no deben hacerle perder de vista nunca la perspectiva de totalidad, más allá de que se reconozca a la realidad constituida como por varias dimensiones. El siguiente pasaje apunta bastante bien este aspecto de la filosofía de la praxis: “Se preguntará si la filosofía de la praxis no es específicamente una teoría de la historia; a ello se contestará que sí, pero que por lo mismo no pueden separarse de la historia, la política y la economía, ni tampoco en sus fases especializadas de ciencia y arte de la política, y de la ciencia y política económica. O sea: luego de haber realizado, en la parte filosófica general- que es propia y verdaderamente la filosofía de la praxis, la ciencia de la dialéctica o gnoseología, en la cual los conceptos generales de historia, de política, de economía, se anudan en unidad orgánica-, el objetivo principal, es útil, en un ensayo popular, dar las nociones generales de cada momento o parte constitutiva, también en cuanto ciencia independiente y distinta” [22]. 

5. Conclusión

En estos apuntes hemos intentado adentrar al lector y a la lectora al estudio de la noción de la filosofía de la praxis y, fundamentalmente, del concepto de dialéctica en la obra de Antonio Gramsci. La tarea no ha sido fácil pero a lo largo de los mismos hemos visto la importancia que este concepto reviste en la estructura general de la obra del autor. En síntesis, podemos decir que se constituye como el elemento lógico indispensable para conformar una filosofía de nuevo tipo, que se oriente a transformar la realidad social en la que vivimos. También sus modalidades metodológicas constitutivas permiten un debate frontal con las estructuras de pensamiento que pretenden hacer pasar determinadas verdades (las relaciones sociales, por ejemplo) como válidas para todo tiempo y lugar; nos referimos al marxismo vulgar (cuyo representante teórico desarrollado en estos apuntes es Bujarín), el sentido común, la filosofía transcendental, el positivismo y el materialismo tradicional, entre otros. Mientras que estas formas de pensamiento, más allá de sus apariencias, estructuran su pensamiento a partir de la búsqueda de regularidades, el pensamiento dialéctico se estructura a partir de la consideración ontológica de que la realidad es dinámica, compleja, contradictoria y se encuentra en constante devenir. Creemos junto con Gramsci que, solamente una lógica de este tipo, que es a su vez histórica, puede constituirse como el elemento articulador de una práctica política y de un pensamiento político que pretendan transformar la sociedad en la que vivimos, para dar lugar a nuevas formaciones históricas. En la medida en que toda concepción filosófica, toda actividad práctica y todo tipo de pensamiento suponen una lógica específica que los sostengan, nosotros creemos que la lógica de los sectores populares (subalternos) tiene que ser necesariamente dialéctica, si lo que se busca es modificar el estado de cosas actuales y configurar un nuevo tipo de hegemonía política, a nivel local, nacional y continental que contenga las aspiraciones y los intereses de los sectores mayoritarios de la sociedad. Por ello, nos hemos tomado el trabajo de sistematizar aquí los aportes que Gramsci ofreció al respecto. 


Bibliografía  

· Aricó, José M. 2005. La cola del diablo. Itinerario de Gramsci en América Latina. Siglo XXI editores. Buenos Aires.  

· Gramsci, Antonio. 2008. El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce. Nueva Visión. Buenos Aires.  

· Gramsci, Antonio. 2009a. Antología. Siglo XXI editores. Buenos Aires.  

· Gramsci, Antonio. 2009. Los intelectuales y la organización de la cultura. Nueva Visión. Buenos Aires.  

· Gramsci, Antonio. 2011. Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno. Nueva Visión. Buenos Aires.   

· Santucci, Antonio. 2004. Gramsci. LOM. Santiago de Chile.  

· Serreau, René. 1993. Hegel y el hegelianismo. EUDEBA. Buenos Aires.  

· Ulianov, Vladimir Ilich (Lenin). En torno a la cuestión de la dialéctica. Disponible en: marxists.org.    


Notas

[1] Para más información acerca del tratamiento de estos conceptos y otros, Véase Gramsci (2008) y Gramsci (2011). 

[2] La definición de filosofía e ideología nos la da el autor en el siguiente pasaje: “Es filosofía la concepción del mundo que expresa la vida intelectual y moral (catarsis de una determinada vida práctica) de un grupo social entero, concebido en movimiento y, por lo tanto, visto no sólo en sus intereses actuales e inmediatos, sino en los futuros y mediatos; es ideología cada particular concepción de los grupos internos de la clase, que se proponen ayudar a la solución de problemas inmediatos y circunscritos” (Gramsci, 2008: 203).  

[3] “La filosofía de la praxis ha nacido por pura casualidad en forma de aforismos y de criterios prácticos, porque su fundador dedicó esfuerzos intelectuales, en forma sistemática, a otros problemas, especialmente económicos; pero en estos criterios prácticos y en estos aforismos se halla implícita toda una concepción del mundo, una filosofía”. Ídem, 132. 

[4] “Por su carácter tendencial de filosofía de masas, la filosofía de la praxis no puede ser concebida sino en forma polémica, de perpetua lucha. Sin embargo, el punto de partida debe ser siempre el sentido común, que espontáneamente es la filosofía de las multitudes a las que se trata de tornar ideológicamente homogéneas”. Ídem, 127. Véase también del mismo autor 30; 95- 96 y 125- 126. 

[5] Ídem, 97. 

[6] Ídem, 99. 

[7] Véase al respecto, Serreau (1993). 

[8] Ídem, 20. 

[9] Ídem, 14- 16.

[10] Gramsci (2008: 101). 

[11] Ídem, 113. 

[12] Véase al respecto Aricó (2005).  

[13] Gramsci (2008: 70). También véase del mismo autor, 67- 69. 

[14] La polémica con Bujarín se encuentra desarrollada en Gramsci (2008: 125- 180). 

[15] Ídem 139- 140. 

[16] Ídem 140- 141.  

[17] Ídem, 141- 142. 

[18] A este respecto véase la polémica que el autor mantiene con Croce. Gramsci (2008: 180- 210). 

[19] Ídem, 133- 134.  

[20] Véase Aricó (2005: capítulo 3). 

[21] Véase al respecto Gramsci (2009a: 192- 199).    

[22] Gramsci (2008: 136). 


Escrito por Fernando Verón, Licenciado en Ciencia Política





sábado, 8 de febrero de 2025

“Está entre nosotros…”, apuntes sobre el libro que coordinó Pablo Semán



1. Introducción

Hace ya más de un año, y en un hito histórico para un outsider del sistema político argentino, Javier Milei ganaba el Ballotage presidencial con una orientación y un programa político de extrema derecha.

El hito dio lugar a la consternación del sistema político en general, pero sobre todo de las fuerzas políticas del campo Nacional y Popular, y del Peronismo en particular. (Casi) nadie de este campo político se vio venir la bataola, pero sería injusto decir que no hubo advertencias al respecto. Ya en el año 2021, Pablo Stefanoni hacía un análisis pormenorizado de los peligros del avance de las derechas extremas, no solo a nivel mundial y continental, sino también en nuestro país[1]. En aquella publicación recomendaba, por un lado, que comencemos a tomar en serio al “antiprogresismo” y a la “incorrección política”, puntales de lanza de la derecha extrema para construir un nuevo sentido común en Occidente y, por el otro, llamaba la atención sobre el fenómeno de Javier Milei y su espacio político en la Argentina.

El libro que a grosso modo intentaremos resumir en estos apuntes puede considerarse como un primo- hermano del de Stefanoni ya que, partiendo de algunas de sus premisas, unas semanas después del triunfo de Milei a fines del 2023, vio la luz su primera edición.  No se trata de un libro escrito a las apuradas una vez que el fenómeno político, económico y social se impuso sobre la realidad, más bien, se trata de un libro escrito por una serie de intelectuales académicos argentinos que venían estudiando hace largos años la realidad económica y socio- política de la Argentina y que vieron coincidir sus análisis y previsiones con lo que efectivamente sucedió.

¿Cuánto más valor tienen estas publicaciones, en la medida en que todo el conocimiento académico, forjado durante largos años de manera individual y en equipos de trabajo, es puesto a consideración de una manera brillante no solo a las agrupaciones políticas del campo Nacional y Popular y del Peronismo sino también al conjunto de la sociedad?

En redes sociales, pude visualizar algunas críticas hacia esta publicación. Varios militantes comprometidos caracterizaron al libro y a su coordinador como “academicistas” alejados de la realidad del pueblo, cuando en realidad, y en mi opinión, se trata del proceso inverso: la academia y el conocimiento científico se ponen a disposición de la militancia en general y de todos aquellos y aquellas que soñamos con un país, una región y un mundo más justo e igualitario. Cuando el análisis es riguroso y se despoja de prejuicios ideológicos puede causar incomodidad en aquellos y aquellas que militamos sindicalmente o en los diferentes tipos de territorios hace años. Pero el triunfo de Milei necesita de análisis y de diagnósticos claros que nos lleven necesariamente a la reflexión profunda y a la autocrítica, no porque se haya hecho todo mal, tanto el gobierno anterior como los y las que en diferente medida lo respaldamos, sino porque es urgente corregir los errores del pasado y los del presente, tanto en el plano del análisis como en el de la intervención política, si en verdad pretendemos derrotar al gobierno de extrema derecha actual y generar las condiciones para que un gobierno de orientación nacional y popular vuelva a ser una realidad.

El objetivo primordial de estos apuntes será pasar revista del libro que coordinó Pablo Semán “Está entre nosotros, ¿De dónde sale y hasta dónde puede llegar la extrema derecha que no vimos venir?”[2], tratando de rescatar sus principales aportes teóricos y reflexiones.

En segundo lugar, intentaré hacer algunas reflexiones propias sobre el libro, señalando algunas de sus principales fortalezas y debilidades, con el fin de seguir alimentando un diálogo necesario entre intelectuales de este campo político, y militancias y dirigencias políticas.

Primero, Stefanoni nos marcó la cancha con el libro que mencionaba antes, y lo escuchamos, pero no lo suficiente. Ahora, con el hecho consumado que aquel libro nos señalaba como posibilidad, sale esta publicación de Semán y nos tira algunas puntas para salirnos de nuestra zona de confort intelectual y político al momento de analizar el surgimiento y eventual triunfo de Milei y de su fuerza política. A su vez, al momento que venía encarando la publicación de estos apuntes, salió a la luz un tercer libro, escrito por argentinos y argentinas de nuestro campo político, que se mete de lleno en el análisis de este fenómeno político una vez establecido en el poder[3].

Las contribuciones intelectuales de estos autores son tanto más valorables cuando, lo admitamos o no, las militancias y las dirigencias políticas nos encontramos en estado de shock. Al momento y al menos por ahora, ellos y ellas son la vanguardia del movimiento Nacional y Popular, están desde el pensamiento y la reflexión cimentando las bases para generar una resistencia efectiva al actual gobierno y construir la alternativa política unitaria que necesitamos. En mi opinión nuestro deber es, en primer lugar, hacer circular las tesis e ideas de estas publicaciones, apropiarnos de ellas, discutirlas y afinarlas y, en segundo lugar, y de manera simultánea y estrictamente dialéctica, pasar a la acción política, generando las instancias de resistencia efectiva en los lugares de trabajo y en los diferentes ámbitos donde intervenimos, siempre apuntando a convencer al masivo, sin purismos ideológicos y desde una política más frentista que nunca. Construir comunidad, en la reflexión y en la acción, partiendo del debate de estas publicaciones puede ser un interesante (nuevo) punto de partida.

Los inicios en la resistencia a un gobierno de derecha nunca se dan del mismo modo. A veces, como durante el Gobierno de Macri, la punta de lanza la toman los movimientos sociales (en aquel momento la resistencia la encabezaron los sectores combativos del sindicalismo tradicional, de la economía popular y los feminismos), otras veces surgen personalidades carismáticas que logran amalgamar el descontento social y generan movimientos disruptivos de resistencia. Hoy, la primera piedra vino de la academia, mientras el resto seguimos tratando de entender qué nos pasó. Y bienvenido sea, ¿acaso no fue lo que siempre les exigimos que tuvieran, compromiso con el destino del país y con el sufrimiento del pueblo? Recojamos el guante y, desde la militancia política, sindical, social y territorial, demos el segundo paso efectivo de resistencia.

 

2. “Está entre nosotros…”, pequeña síntesis del libro y rescate de algunos de sus principales aportes

El libro que venimos a poner a consideración está escrito por varios autores y coordinado por Pablo Semán[4].

La introducción, titulada “La piedra en el espejo de la ilusión progresista”, nos ofrece los conceptos y análisis nodales que atraviesan transversalmente cada uno de los capítulos del libro. De esta manera, el autor señala que el triunfo de Milei y de su espacio político en el Ballotage, no es resultado simplemente del fracaso del gobierno de Alberto Fernández, sino de una serie de gobiernos fallidos de los últimos años (principalmente el de Mauricio Macri y el de Fernández) y que fueron acumulando frustración y desesperanza en la mayoría de la sociedad. Las dos principales coaliciones políticas del país (Juntos por el Cambio y el Frente de Todos), con sus diferentes concepciones y estrategias de intervención gubernamental, no lograron dar respuestas efectivas frente a las principales demandas sociales (ponerle freno a las altas tasas de inflación, recuperar los ingresos de las mayorías, encarar con efectividad la problemática de la corrupción y de la inseguridad, y dar respuesta frente a los nuevas formas de trabajo del siglo 21, entre otras). Una de las tesis de este libro es que esa incapacidad para hacer frente a estas problemáticas pusieron a las fuerzas hegemónicas del sistema político en crisis, generando de esta manera las condiciones concretas para la aparición y eventual triunfo político de una fuerza de extrema derecha.   

Desde un principio, Semán nos da una serie de advertencias metodológicas para encarar el estudio del nuevo gobierno:

la referencia al fascismo desenfoca en vez de ayudar: lo amenazador para la democracia no siempre tiene la misma forma y la historia no se repite ni como farsa… Los análisis y materiales empíricos que están en la base de este libro hablan, justamente, de la especificidad histórica de la derecha radical y de las categorías que mejor podrían ceñir los fenómenos en curso[5].

Asimismo, el autor nos ofrece “Seis determinaciones en busca de entender la construcción libertaria”[6].

La primera es el factor económico, que nos los pone en una perspectiva histórica de largo alcance, más allá de los períodos de crecimiento y de relativa estabilidad:

Es necesario señalar condiciones socioeconómicas que han modificado profundamente la estructura y la dinámica social. El Rodrigazo en 1975, la crisis hiperinflacionaria de 1989, la bancarrota de 2001 y los años acumulados de estancamiento e inflación desde 2012 son apenas algunos hitos de un recorrido complejo y desalentador[7].

En segundo lugar, se señala el papel de las distintas modalidades de interacción social, diferentes y complementarias de los sistemas tradicionales de comunicación política:

Han creado una alternativa a los sistemas tradicionales de comunicación política, sea a la relación cara a cara como al vínculo con la dirigencia a través de los medios masivos de comunicación[8].

En tercer lugar, se señala que mutó el vínculo entre el Estado y la Sociedad:

Todo sucede como si el alcance del Estado- más allá de las competencias de los gobernantes e incluso de sus orientaciones- hubiese disminuido de forma tal que cala en la sociedad de una manera mucho menos profunda y directiva que la que conocimos o creíamos efectiva durante buena parte del siglo XX[9].

En cuarto lugar, el autor señala que “si bien la decepción, la desesperanza y la crítica de los ciudadanos (votantes o no) a los distintos partidos políticos son generalizadas, se advierte un cuestionamiento más marcado al peronismo”[10].

En esta determinación se profundiza sobre la crítica al peronismo de sectores sociales que hasta hace pocos años parecían tenerle una marcada fidelidad:

Si durante el menemismo hubo corrientes o camadas de trabajadores antiperonistas, puede observarse hoy en las clases medias bajas, en distintos sectores de trabajadores y en las juventudes… un antiperonismo que es clave en la crítica social a la política[11].

Se señala como quinta determinación “la presencia de lo que se descubre tardíamente como individualismo”[12].

Las ansias de desarrollo interior, realización y superación personal, la idea de autonomía… configura un vasto campo de nociones sobre los sujetos que son legítimas y prácticas en la vida cotidiana… Ese individualismo realmente existente es también el resultado de las transformaciones sociales que pusieron al mercado en el centro, y de las transformaciones culturales que potenciaron el valor de la subjetividad y su singularidad… Para la tradición nacional popular existe una tensión irresoluble entre el hecho de que en la vida social cada uno se salva en una complejidad de lazos, y el dogma ‘nadie se salva solo’…[13].

La sexta determinación, (¡atención!), es la pandemia:

Todo lo ocurrido a partir de marzo de 2020, desde los confinamientos hasta la foto del presidente Alberto Fernández en una fiesta de cumpleaños en Olivos, pasando por las muertes y la pérdida de ingresos, trabajo, ahorros y patrimonio, ha sido insuficientemente estimado en su carácter de vector de lo que hoy se observa como exasperación generalizada[14].

Anudando las 6 determinaciones señaladas, Semán considera que:

1) “La pandemia amplificó la escena del desencuentro entre el Estado- observado y discutido en su capacidad de cuidado y daño- y la sociedad- expuesta a una situación límite-…Esto dio lugar a un movimiento de desafección, hostilidad e incomodidad respecto del Estado y de los partidos políticos, que al mismo tiempo, son unas encarnaciones del Estado y una polea de transmisión entre este y la sociedad civil”[15].

2) “Es la Constitución realmente existente lo que está en proceso de cambio en esta coyuntura en la que una especie de 2001 electoral habilita un programa de reforma, ajuste y desregulación que se insinúa parecido al de 1989 aunque en condiciones muy diferentes: como no hay mayor patrimonio para privatizar, iniciativas como la dolarización, la redefinición reductiva y radical del Estado y la mercantilización de lo público están a la orden del día. Tampoco parece ajena al espíritu de los tiempos y los sujetos políticos en alza la reivindicación de las dinámicas represivas y su utilización como recurso político, la apelación a formas plebiscitarias de legitimación y resolución de diferencias y la descalificación en bloque de categorías sociales y políticas señaladas como enemigas y directamente demonizadas… el salto cualitativo de las prácticas antipluralistas y antiliberales es una promesa de las fuerzas de extrema derecha en la actual coyuntura”[16].

Finalmente, Semán nos dará un adelanto de lo que se desarrollará pormenorizadamente en otros capítulos del libro, respecto de los sujetos sociales que constituyen las bases de la Libertad Avanza en la actual coyuntura:

La sociedad de emprendedores que se hacen cargo de sí mismos y han llegado a la conclusión de que el Estado no ayuda sino que obstaculiza; la sociedad de propietarios que se ilusiona con el éxito de políticas ultraliberales como las que impulsó Bolsonaro en cuanto al gasto público y la legislación laboral (y no se anotician de sus pobres resultados); la sociedad de consumidores que al calor de la inflación se hace sensible a la crítica de ‘la moneda política’; la sociedad que observa con amargura cómo el sector privado se ve amenazado por la intromisión estatal; y la sociedad de agredidos por la inseguridad: todos ellos configuran las bases de una sensibilidad que pudo ser convocada por los libertarios que integran en su oferta una combinación intensificada de libertad y orden[17].

El capítulo 1, titulado “Rayos en cielo encapotado: la nueva derecha como una constante irregular en la Argentina”, está escrito por Sergio Morresi y Martín Vicente[18].

Este capítulo está dividido en dos partes. En la primera, los autores hacen un recorrido histórico de las derechas argentinas centrándose en “las tensiones entre las familias liberal conservadora y nacionalista reaccionaria”, principales “tendencias” de la derecha Argentina desde el siglo XX hasta la irrupción del fenómeno de la Libertad Avanza. En la segunda, se analiza la actual constitución del espacio “liberal libertario” y se exponen “los sentidos de su concepción ideológica y su construcción política”[19].

Es importante el contenido de la primera parte del capítulo ya que la descripción de las dos “familias derechistas”, son antecedentes y a la vez “nutrientes” de la concepción ideológica del actual gobierno, más allá de sus evidentes elementos novedosos.

El liberalismo conservador se caracteriza por tener una visión republicana restrictiva de la política, capitalista y mercantil de la economía, y cosmopolita y elitista de la cultura. El nacionalismo reaccionario, se constituye en torno a una perspectiva política autoritaria, económicamente corporativa y dirigista, tradicionalista y localista en lo sociocultural.

Ambas tradiciones derechistas tuvieron sus momentos de ruptura y confluencia a lo largo de todo el Siglo XX, pero desde el retorno a la Democracia en nuestro país, el liberalismo conservador se impuso sobre el nacionalismo reaccionario, siendo la aparición del PRO y su posterior consolidación su momento de mayor apogeo.

En la segunda parte de este capítulo, los autores caracterizan que hacia el final del gobierno de Macri “fue quedando claro que se había abierto un espacio hacia la derecha del PRO… Juan Gómez Centurión… José Luis Espert…” por tan solo nombrar los exponentes más destacados de esa emergencia.

Tanto en este capítulo como en el resto del libro, se destaca a la pandemia del año 2020-2021 como un momento trascendental para la aparición de este nuevo fenómeno político de masas:

El momento de la pandemia fue crucial para que muchos de los que forman parte del espacio ‘liberal libertario’ del sello La Libertad Avanza se decidieran a ‘meterse en política’ de un modo similar a lo que ocurrió con los expertos y voluntarios que, unos años antes, se habían sumado al PRO[20].

Los autores cuentan que hasta el año 2013, Javier Milei trabajaba en distintas corporaciones empresariales y consultoras económicas y se dedicaba a la docencia, en la UBA y en la Universidad Argentina de la Empresa. Ese año leyó “Monopolio y competencia” de Murray Rothbard (2001), y modificó radicalmente su concepción ideológica, política y económica.

De acuerdo con este autor… el sistema estatista y colectivista está enraizado de un modo tan profundo que las élites- incluso aquellas que son conservadoras y presumen de combatirlo- tienden a defenderlo. Por lo tanto, la batalla cultural resulta una estrategia limitada, y pasar a la lid política se torna una necesidad… La apuesta debería ser… un liderazgo personal con miras a una elección presidencial capaz de poner en cortocircuito a las elites adoptando un tono antiestablishment virulento y una agenda indigerible para la corrección política…abolición del impuesto a la riqueza y las políticas de bienestar, el fin de las políticas de discriminación positiva y de los ‘privilegios’ de los grupos minoritarios, el control de las calles con carta blanca a las fuerzas de seguridad, el cierre de la Reserva Federal… y la defensa de los valores familiares tradicionales… esta apuesta ‘populista de derecha’ lograría desplazar a los conservadores moderados del centro de la escena para imprimir un giro profundo en la política… su plan era disputar las primarias del Partido Republicano y… transmutar su alma por medio de un candidato potente[21].

La influencia de Rothbard en Milei, y por su intermedio, en el espacio liberal libertario, es clara. Cada una de las propuestas… fueron retomadas por el político argentino, con dos excepciones: su posicionamiento ante la interrupción legal del embarazo y la idea de disputar dentro de un partido ya establecido[22].

Otro intelectual decisivo en la formación política e intelectual de Javier Milei es el economista y ensayista Alberto Benegas Lynch (h). Su definición de liberalismo permite amalgamar todo un espectro variopinto que sustenta el proyecto de La Libertad Avanza: “El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo bajo el principio de no agresión y defendiendo el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad”[23].

Otra fuente de inspiración para el actual partido de gobierno es el Menemismo de los años noventa:

la identidad de los liberales libertarios parece construirse sobre la base de una alteridad distinta: el colectivismo… la socialdemocracia, el socialismo, el comunismo, el estalinismo… Además, y en contraposición con el antiperonismo marcado que fue adoptando parte del ‘mundo PRO’ en los últimos años, los referentes de LLA rescatan la experiencia del menemismo en los noventa. Para ellos, ese momento de convergencia entre peronismo y neoliberalismo, al que en su momento se tildó de experiencia ‘neopopulista’, marca un norte por seguir, no una experiencia de la cual avergonzarse… Para Milei, Menem fue el mejor presidente de la historia reciente, casi a la altura de aquellos que integraron la edad dorada del liberalismo conservador, clausurada en 1916 por el triunfo electoral de la misma UCR que hoy integra JxC[24].

Por último, los autores señalan que la estrategia de populismo de derecha desplegada por parte de Milei y su espacio político (y su fusión con algunos elementos del nacionalismo reaccionario) entra en tensión con otros actores de la derecha política, fundamentalmente con el PRO más referenciado en el Liberalismo conservador, y con la propia democracia liberal argentina, vigente hace 40 años en nuestro país.

El capítulo 2 del libro está escrito por Melina Vázquez[25]. El mismo se titula “Los picantes del liberalismo, jóvenes militantes de Milei y ‘nuevas derechas’”, e intenta aportar al debate sobre el fenómeno del nuevo gobierno a partir de la pregunta “¿cómo se construye un militante joven de Milei”[26].

La autora nos señala dos momentos de relevancia al momento de pensar el surgimiento de la identidad “de derecha” en los jóvenes de hoy: el debate parlamentario sobre la Interrupción Voluntaria del embarazo (IVE) en el año 2018, y las medidas de Aislamiento y Distanciamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO Y DISPO). Estos dos debates públicos fueron cruciales para que estos jóvenes primero se asumieran de derecha y luego ingresaran en los colectivos militantes liberales y libertarios que luego respaldarían y le darían una militancia de base a la candidatura de Milei.

En la segunda parte del capítulo la autora se detiene en el perfil sociológico de los “jóvenes mileístas” y sus relaciones con un compromiso de derecha “popular”.

Los militantes que acompañan a Milei, dentro y fuera de LLA, buscan diferenciarse de ‘los chetos’ y revalorizan una manera de ‘adherir’ a las ideas de la libertad’ desde abajo. ‘Somos los picantes del liberalismo’, afirma una joven del Partido Libertario, y nos invita a pensar las singularidades de una militancia popular que forma parte de una cultura política más amplia en la que se combinan grandes temas de la política y de la economía -como la reducción del Estado y la dolarización-, estéticas militantes, experiencias generacionales comunes y un vasto repertorio de acciones colectivas que suceden en las calles, las plazas, las redes, las urnas y las escuelas[27].

En las entrevistas que la autora les hizo a jóvenes militantes y que sirvieron de base para la escritura del capítulo, hay una coincidencia respecto de que la pandemia y las medidas sanitarias que se tomaron fueron un punto de quiebre en la relación con el gobierno anterior:

La impugnación de la gestión sociosanitaria de la pandemia recorre diferentes puntos, que van desde lo que caracterizan como el ‘sueño comunista’ de tener a ‘todos los seres humanos controlados’ (Oría, 2020), hasta sus efectos en materia económica.

Sin embargo, hay una apropiación generacional de esta narrativa, cuya potencia debe ser entendida más allá de la cuestión político- ideológica. Me refiero al impacto de la puesta en crisis, mientras rigieron las medidas de gestión de la pandemia, de las dinámicas de socialización y sociabilidad entre pares, esto es, el núcleo por excelencia de la producción de experiencias juveniles… la noción de ‘libertad’ formulada por los activistas puede interpretarse de manera situada como una forma de oponerse a las medidas de restricción de la circulación y, con ellas, al gobierno de Alberto Fernández y al kirchnerismo en general.

La cuarentena se interpreta como un contexto en el que se ponen de manifiesto los ‘privilegios de la casta’. Esto exacerba un discurso que apunta, primero contra el gobierno, y después contra ‘la casta’ en general. Esa trama se construye en torno a dos hechos clave desde el punto de vista de los grupos movilizados por derecha: la fiesta de cumpleaños de la pareja del presidente en la Quinta de Olivos, en Julio de 2020, y el llamado ‘vacunatorio VIP’ por el que personas cercanas a los gobernantes y políticos accedieron a la vacunación sorteando los criterios establecidos por el propio gobierno[28].

Según esta autora, para los jóvenes que adhieren al proyecto del gobierno actual “’Ser de derecha’ involucra algo más que una posición política o la adscripción a un partido o agrupación específica. Se trata de una constelación de nudos temáticos- como los de la vida, libertad y propiedad contenidas en la ya aludida plegaria de Benegas Lynch (h) que recitan los libertarios en los actos políticos- con fronteras porosas que se modelan por medio de prácticas en espacios heterogéneos: las calles, las redes sociales, los ámbitos educativos, los partidos políticos y, también, las contiendas electorales. ‘Ser de derecha’ forma parte de un horizonte o proyecto político que involucra llevar adelante la ‘batalla cultural’, en los términos de Antonio Gramsci readaptados por Agustín Laje… implica tener un conjunto de principios y argumentos propios con los que sentar posiciones en los debates públicos, contar con un relato histórico y una idea de su origen como grupo: quiénes somos, en qué tradiciones nos reconocemos, qué idea de futuro tenemos… también supone alimentar una mística, seducir a otros, convocar y masificar el mensaje..”[29].

La meritocracia es un concepto clave para estos jóvenes:

Los jóvenes mileístas se pueden interpretar como herederos o hijos (despeinados) del macrismo en la adhesión a las posiciones meritocráticas. El esfuerzo individual permite clasificar y diferenciar entre aquellos que, aun dentro de un mismo sector social, son merecedores de prestigio y dignidad, o todo lo contrario. Así, la construcción de un principio moral que articula la idea de esfuerzo con la de progreso da forma a las llamadas ‘lógicas de merecimiento’, esto es la definición de desigualdades consideras justas… la narrativa antiplanera y antipiquetera de los sectores medios y bajos se articula con los discursos antiprotesta social de los sectores medios y altos urbanos… reaparece la alianza entre sectores medios y populares. La vieja consigna que supo unirlos allá por 2001 (‘piquete y cacerola, la lucha es una sola’) reaparece ahora bajo la figura de los ‘argentinos de bien’ con la que Javier Milei y Victoria Villarruel se diferencian de ‘la casta’ y de los ‘zurdos empobrecedores’…[30].

Es por ello que “en la antinomia derechos/derecha, la ‘derecha popular’ se inclina por el segundo de los términos y exacerba una construcción ‘desde abajo’, que se reivindica picante y cuestiona los privilegios, interpretados como los derechos de unos pocos en detrimento de los de los muchos”[31].

El capítulo 3 del libro, “Entre libros y redes: la ‘batalla cultural’ de las derechas radicalizadas”, está escrito por Ezequiel Saferstein[32].

Por un lado, el autor intenta explicar los mecanismos culturales a partir de los cuales las ideas libertarias y de derecha extrema suman adeptos y logran masividad:

jóvenes que pueden identificarse como de derecha, liberales, libertarios, conservadores o antiprogresistas… organizan sus argumentos, se informan, estudian, se entretienen, replican y discuten mediante videos, memes, libros, posteos de intelectuales, economistas, politólogos, influencers. Interactúan en Twitter y TikTok, asisten a manifestaciones políticas y eventos culturales, arman grupos de lectura, militan en agrupaciones, discuten en grupos de WhatsApp. Pelean una ‘batalla cultural’ en el marco de una configuración que se presenta como ‘políticamente incorrecta’ y ‘antisistema’, pero que se ha masificado[33].

Por otro lado, el autor menciona algunos aportes teóricos de los principales referentes de esta derecha extrema en américa del sur:

En el universo de autores argentinos, la batalla cultural de las nuevas derechas está plasmada como teoría y como práctica en los libros de Agustín Laje, principalmente en La batalla cultural. Reflexiones críticas para una nueva derecha… pero también en El libro negro de la nueva izquierda… y Generación idiota. Una crítica al adolescentrismo. Álvaro Zicarelli retoma estos argumentos en Cómo derrotar al neoprogresismo… y Javier Milei la enmarca desde la perspectiva económica y política en El camino del libertario… y El fin de la inflación. Además, los libros del chileno Axel Kaiser, como La fatal arrogancia. La anorexia cultural de la derecha frente al avance ideológico progresista… el del filósofo brasileño Olavo de Carvalho, O mínimo que você precisa saber para nao ser um idiota… y el de la diputada bolsonarista Ana Caroline Campagnolo Ferminismo, perversao e subversao… forman parte de la sistematización del corpus a nivel regional[34].

En cuanto a los aportes teóricos de Agustín Laje, el autor de este capítulo y los del resto del libro le dan un lugar central:

El libro negro de la nueva izquierda fue pionero en revisitar y dar formar a ciertos argumentos: tras la caída del muro de Berlín y el triunfo político de las derechas liberales, la izquierda tuvo que bajar las armas y reorientarse hacia una lucha cultural. El éxito político y económico del capitalismo sobre el socialismo habría relegado la disputa cultural e ideológica al campo de las izquierdas, que triunfaron mediante la irradiación de su ideología desde las industrias culturales, las academias, los organismos y las fundaciones internacionales y las políticas públicas. Esta dinámica es presentada por Laje y Márquez en términos de hegemonía y contrahegemonía, conceptos gramscianos recurrentes en sus intervenciones. En esta época, el ‘marxismo cultural’ no se caracterizaría por posiciones igualitaristas solamente en el ámbito de la economía, sino por una serie de discursos y prácticas ligadas a los movimientos feministas y LGBTIQ+, que vendrían a disgregar los ‘valores tradicionales’ mediante una ‘confederación filicida’ y ‘homosexualista’… En esta ‘batalla cultural’, el feminismo y la llamada ‘ideología de género’ son los adversarios combatidos desde una estrategia planteada en términos morales, en torno a la familia heterosexual y el ‘derecho a la vida’. En La batalla cultural y Generación idiota, Laje expande y sofistica su teoría incluyendo, pero a la vez superando, la dimensión de género y el combate al feminismo.

Desde su punto de vista, las batallas de las derechas deberían centrarse en el ámbito cultural, por ejemplo, frente a… las celebrities que participaron del movimiento Me Too, así como frente a otros temas globales, como el ambientalismo representado por Greta Thunberg[35].

En otra parte del capítulo se puede leer:

En la estructura narrativa de su propuesta teórica para una nueva derecha, Laje promueve una agrupación de derechas libertarias, nacionalistas y conservadoras para conformar un ‘nosotros’ que interpele a sus simpatizantes y a sus pares… La batalla cultural no está ‘al servicio de la mera teoría’, sino que busca apoyar una ‘práctica política al servicio de la derecha en general’, capaz de articular las ‘diferentes corrientes de la derecha…Esta búsqueda lo posiciona en un lugar privilegiado en el campo de las derechas por su compromiso intelectual y político y su capacidad de divulgación para un auditorio masivo. Del mismo modo, sus libros… se autocalifican como libros activistas, una llamada a la acción no solo para la dirigencia sino también para sus lectores. A esos jóvenes Laje les pide reorganizar su tiempo, resignar horas de pantalla y volver a la ‘cultura del texto impreso’, para formarse y transmitir esa práctica a sus pares, su propia familia y su comunidad[36].

Por último, el autor llama la atención sobre la perspectiva frentista y antisectaria de Laje y otros intelectuales afines al interior de las diferentes vertientes de la derecha:

Evitar el purismo ideológico permite a autores como Laje llamar a la fusión entre ‘libertarios no progresistas, patriotas no estatistas, conservadores no inmovilistas y tradicionalistas no integristas’, para dar como resultado ‘una fuerza resuelta en la incorrección política’ en ‘oposición radical a la casta política […] al globalismo, al establishment multimediático y la hegemonía progresista que domina la academia, a los ingenieros sociales y culturales de las Big Tech y del poder financiero global inclinados sin disimulo alguno hacia la izquierda cultural[37].

En cuanto a los artefactos de difusión de las ideas de derecha y libertarias, se menciona al “libro” como un instrumento fundamental, así como a las “editoriales propias” (de pequeños y medianos empresarios afines ideológicamente) que hacen posible su circulación. Libros y editoriales son así la punta de lanza de una “batalla cultural” que debe librarse no solo en el plano nacional y regional, sino también a nivel mundial. También las editoriales permiten la organización de eventos culturales pequeños y masivos, donde los autores pueden interactuar con sus lectores y seguidores, conformando de este modo ámbitos propicios para la sociabilización y la difusión de las ideas- fuerza de las distintas vertientes de la derecha. Estas ideas generadas en estos ámbitos luego son replicadas y masificadas a través de la intervención de diferentes referentes e influencers en redes sociales y medios de comunicación.

El capítulo 4 del libro, “Juventudes mejoristas y el mileísmo de masas; por qué el libertarismo las convoca y ellas responden”, fue escrito por Pablo Semán y Nicolás Welschinger[38].

A partir de una serie de investigaciones hechas en base a un trabajo de campo exhaustivo y a entrevistas a jóvenes del AMBA desde mediados del 2020, los autores llegan a una serie de consideraciones y conclusiones que son las que desarrollan a lo largo del capítulo.

Las puntadas corporales que nos dan sus palabras escritas implican reflexiones como estas:

Bastó salir a la calle, liberarse de conjeturas y proyecciones, para apreciar la emergencia de una generación cuya experiencia común es haber atravesado el estancamiento económico y los malestares de la pandemia y estar, de diversas maneras, seducida por el discurso libertario[39].

Más adelante, y en relación a la identificación de gran parte de los jóvenes del AMBA con las ideas de Milei y de la extrema derecha, podemos leer:

Partimos de la premisa de que a la ideología se adhiere desde la experiencia. Solo cuando la experiencia lo aconseja y lo dispone, las doctrinas se vuelven influyentes. Hasta que eso no sucede, son pura blablá[40].

La idea central del capítulo es que, desde el gobierno de Mauricio Macri se profundizó el estancamiento de la economía (hecho que con altibajos, según los autores, venía sucediendo desde el año 2013), lo cual no permitió el progreso personal de un sector considerable de la sociedad. Esta situación se vio agravada por la Pandemia durante la gestión del gobierno de Alberto Fernández, donde millones tuvieron que atravesar una situación de crisis inédita en la que, según los autores, los esfuerzos del gobierno y del Estado se revelaban impotentes para resguardar la salud de las personas y de la economía. En ese contexto, millones tuvieron que intentar sobrevivir a partir de sus propios esfuerzos e inteligencias, con lo que la idea de un “Estado presente” se reveló, para muchos, más falsa que nunca. El mercado y su lógica de competencia constante impregnó gran parte de la subjetividad de estos jóvenes que empezaron a ver al Estado más como un obstáculo a su desarrollo que en un potenciador de sus habilidades o capacidades individuales. No es que este fenómeno se haya originado en la pandemia, pero se vio potenciado por ella y por la situación económica posterior, donde el estancamiento y la inflación pasaron a ser el denominador común.

De este modo, se cristalizó la valoración positiva de la figura del “emprendedor” en un sector cada vez más significativo de la sociedad, elemento vital para el surgimiento de la identidad social que los autores denominan “mejorista”:

En este marco, se experimenta como algo liberador la actitud emprendedora que permite al individuo despertar sus propias fuerzas en pos de la superación constante… Empoderamiento, autonomía personal, optimización del yo y emprendedurismo son vías para alcanzar la superación moral a través del esfuerzo personal[41].  

Ahora bien, llegados a este punto debemos profundizar en la idea de quiénes son para los autores del capítulo los “mejoristas”. Repasemos el concepto desde su óptica:

los mejoristas no tienen una fe inquebrantable en el progreso entendido como una fuerza de la envergadura de las mareas. Creen en un progreso personal, tal vez módico, a partir del propio empeño en el mercado. Así, cuando no hay más incentivos que los que uno se puede dar a sí mismo, o cuando estos escasean o, peor, el panorama es incierto, confuso o exigente, las ideas de empoderamiento personal, superación y autooptimización del yo son vitales y decisivas[42].

En cuanto a las preferencias electorales de los mejoristas, según los autores, no hay una identificación lineal con los candidatos de la extrema derecha, pero si una evidente mayor afinidad entre sus aspiraciones y las agendas que proponen estos candidatos:

los mejoristas pueden ser Kirchneristas, pero el impulso que los guía configura una plataforma que introduce nuevas agendas y narraciones en la política. Si los mejoristas votan mayormente por candidatos como Milei o Bullrich, es en gran parte porque esos referentes sostienen esa visión y esa agenda mejor que otros y la legitiman aunque no la hayan originado. Como disposición de vastos sectores sociales, el mejorismo podría ser concebido como un modelo ideológico consciente pero no explícito, que al mismo tiempo resiste y dialectiza los llamados de las ideologías que convocan “desde arriba”, seas estas reaccionarias, liberales o progresistas[43].

En cuanto a la conexión entre el discurso político de Milei y este sector de la sociedad los autores destacan que:

Si alguien puede ser convocado como emprendedor o héroe del mercado, es en parte porque ha sido constituido como tal, porque puede narrarse a sí mismo de esa forma, al menos parcialmente. Lo que ha venido aconteciendo con jóvenes como Juan y Belén es que sus experiencias, arraigadas en ciertas condiciones sociales, han constituido una sensibilidad con la que un conjunto de discursos políticos conecta mejor. Ese discurso liberal dice lo que muchos sentían o pensaban, pero no hallaba emisor. Y alcanza mayor contundencia, en especial el de Milei, cuando les permite construir esa experiencia, darle sentido inmediato a su práctica, hacer público algo que era mudo y privado hasta no ser convocado y aceptado por el llamado, incluido el político[44].

De este modo, la prédica libertaria “obtiene resultados en cuanto la experiencia de los jóvenes sedimenta en una serie de cuestionamientos que, más difusos o más específicos, comprenden la crítica a la política, al Estado y a la economía”[45].

En cuanto a la crítica a la política, los autores señalan que:

Hay un tono básico de hartazgo y decepción con los políticos contemporáneos. En la Argentina, los malos resultados de las grandes coaliciones que, programáticamente enfrentadas, polarizaron el escenario político luego del 2001 hasta la irrupción primero de la pandemia y luego de Milei, son la razón invocada por muchos de nuestros interlocutores para informar algo que excede la rabia ante la crisis. La memoria de una década económicamente cruel atravesada por los fracasos sucesivos del peronismo y de Macri está en la base de una distancia que no es, sin embargo, tan solo un ‘que se vayan todos’[46].

Para los jóvenes mejoristas “la mayor parte de la política es, por su propia experiencia de empobrecimiento durante la democracia y la epopeya del ‘Estado presente’, despreciable o irrelevante”[47].

Esta mirada negativa sobre la política se vio acentuada a partir de la experiencia de la pandemia y del rol del gobierno anterior durante la misma, lo que, en una situación de crisis sanitaria sin precedentes, no solo afectó la imagen de los partidos políticos, y de la política en general, sino del Estado:

La pandemia ha catalizado tendencias previas, pero además desde un presente económicamente doloroso, ha disparado un balance retroactivo que modifica la mirada que teníamos cuando el peligro sanitario era palpable: el mismo gobierno que conduce mal la economía seguramente condujo mal la política sanitaria… Muchos que apoyaron las diversas medidas de cuidado, hoy se arrepienten de haberlo hecho…Las opiniones ‘negacionistas’ que relativizaban la letalidad del virus o impugnaban la voluntad de luchar contra lo inevitable a costa de otros bienes importantes crecieron en la pospandemia desde un presente oprobioso que se pone en diálogo con una de las ‘postales’ más persistentes, la de ‘la fiesta de Olivos’. Para quienes se inscriben en esa dialéctica, esta no solo muestra que la política de cuidados era hipócrita… sino que certifica que los políticos viven una vida de vicios de la que todos podían sospechar, pero de la que no había imágenes. Confirmar la perversión de los que debieron haber sido ejemplares en el cuidado y contradijeron su propia palabra dañó algo más que la imagen del presidente Alberto Fernández: horadó la confianza en el Estado en general[48].

Con relación a esta pérdida de confianza en el Estado que se vio profundizada por la pandemia, los autores agregan:

hay un recorrido inverso y complementario que también fue iluminado por la pandemia: durante su transcurso, las promesas acerca del Estado salvador, con independencia de las virtudes y concreciones de la política pública, se vieron contrastadas por la evidencia de que muchos tuvieron que intentarse salvarse solos. La pandemia puso al Estado en un lugar imposible, en el que todo lo que hiciera iba a estar mal, porque el virus, la vacuna, la dolencia misma eran discutibles y porque los medios para discutirlo estaban a mano de todo el mundo. En ese contexto se agudizó la crisis de confianza en el Estado, que afectó a los partidos políticos y potenció las posiciones liberales en un grado que no había alcanzado, por ejemplo, la crítica macrista al kirchnerismo en 2015[49].

Profundizando la crítica al Estado del sector social “mejorista”, los autores señalan que en las entrevistas que realizaron a jóvenes del AMBA se señala una crítica a la educación y a la salud pública. En ellas, los jóvenes no critican en términos absolutos a estos servicios estatales, sino que señalan sus deficiencias: por ejemplo, condiciones edilicias deplorables en el caso de la educación pública.

Puntualicemos al respecto a partir de lo señalado por los autores:

La idea de bien público no está puesta en cuestión… Pero la crítica al ‘estado del Estado’, que en los grupos focales se extiende al estado de la salud pública, al transporte, y con énfasis en la seguridad, está indisolublemente ligada a ese sentimiento de impotencia que pasa por el cuerpo. La lectura de la situación actual en clave decadentista, contrapuesta a las potencialidades del país, tiene un correlato en el juicio del estado calamitoso del Estado[50].

En cuanto a la crítica a la economía, los autores señalan la visión que tienen los jóvenes mejoristas de la intervención estatal en la economía como un obstáculo o “una ayuda inservible que no alcanza, y entienden que lo principal es automotivarse y mejorarse por el propio esfuerzo”[51]. Relacionado a esto último, algunos jóvenes mejoristas suelen tener incluso una mirada negativa sobre los contratos de trabajo tradicionales, y los entienden como “extraordinarios y privilegiados”[52]. Es aquí donde el discurso libertario anti- Estado conecta de lleno con esta idea de los jóvenes mejoristas:

Liberar las energías del trabajo de las regulaciones y trabas del Estado y emprender con las propias fuerzas para forjar el destino personal retroalimenta la relación entre las juventudes mejoristas y la convocatoria libertaria[53].

Otra crítica derivada de la economía regulada por el Estado tiene que ver con los altos niveles de inflación de los últimos años. Esta situación inflacionaria es vinculada, entre otras cuestiones, con la debilidad del peso argentino:

A la crítica a la mímica estatal le sucede la crítica a la mímica del peso: la convicción de que ‘ya estamos dolarizados de hecho… pero tenemos todas las desventajas del peso atado a la suba del dólar y ninguno de los beneficios de una moneda fuerte’. Así, están convencidos de que la solución libertaria de la dolarización no acarrearía una pérdida de soberanía, sino una conexión con el mundo en el que ‘el tema de la inflación ya está hace tiempo solucionado’…

La extendida crítica a la inflación y la dolarización como salida al laberinto de la estanflación forman parte de una demanda juvenil de previsibilidad y futuro… Para estos jóvenes, así como el Estado dice estar presente pero se revela impotente en aspectos claves de la vida en común, algo semejante sucedería con la moneda nacional[54].

Frente a esta juventud crítica del orden económico, político y social de la última década, la figura de Milei y su discurso radicalizado (a la derecha, de la derecha del sistema político) logró generar una gran identificación de este sector social y de muchos otros descontentos con la situación existente. Al respecto los autores señalan:

Lo que desde el punto de vista de la izquierda se presenta como el ‘descaro’ con que la derecha asumió posiciones radicales puede también leerse como el éxito con que los radicalizados desplazan a la derecha tradicional que, en sus muestras de subordinación a determinados consensos, es caracterizada por los extremistas como ‘tibia’. La velocidad histórica con que algunas posiciones radicales conquistan centralidad se relaciona con una especificidad local: la sobreestimación de algunos consensos políticos y económicos y, sobre todo, la dinámica erosiva que le impone la inflación a la política, que vuelve fluido lo que se creía sólido, como los electorados, las preferencias centristas, los candidatos del establishment y todo lo que llevaba a especular, por caso, con que… Larreta era naturalmente presidenciable. La contracara de esto es que las posiciones radicales hayan sido sostenidas por las máximas figuras de los partidos de centroderecha y que, como sucede ahora, estas hayan sido desbordadas por la radicalización asumida sin ambigüedades por Milei[55].

Finalmente, y a modo de conclusión del capítulo, los autores nos ofrecen algunas palabras finales:

En una subjetividad formada en la experiencia del mercado, emerge la triple crítica a la política, al Estado y a la economía, que fue al mismo tiempo solicitada y en cierta medida inculcada por la prédica pública de las figuras de JxC y, sobre todo, de LLA, hasta lograr anudar su discurso a esas experiencias.

Esa capacidad de interpelación tiene condiciones específicas en la performance del líder de LLA…

Su prédica recogió todos los temas que sus adversarios políticos abandonaron, para representarlos uno por uno bajo la forma de soluciones libertarias: contra la cuarentena, la libertad; contra la inflación, la dolarización; contra la desocupación, el emprendedurismo; contra la inseguridad, el derecho a la libre defensa; contra el sistema de la casta, el ‘que se vayan todos’. Así, al tratar no solo de un modo crítico y reactivo sino también propositivo los problemas que ‘la casta’ negaba, el discurso de Milei permitió a jóvenes como los que aquí describimos construir su experiencia, darle sentido inmediato a su práctica, hacer público un malestar privado. La concreción de ese puente experiencial… entre el malestar privado y el debate público y viceversa es uno de los logros del discurso de Milei…

La prédica de Milei encontró en la coyuntura electoral un campo fértil para que su llamado carismático le permita continuar ganando adhesiones… el avance del proceso electoral mostró que los sentimientos de agobio con el oficialismo fueron canalizados por el discurso libertario en una oleada masiva y transversal a las cuadrículas sociodemográficas.

En nuestra lectura de la crítica juvenil a la política, el Estado y la economía, pueden verse los anudamientos progresivos entre las sensibilidades juveniles que captamos bajo la categoría de mejoristas y el discurso libertario. A su vez, puede verse que entre los adherentes masivos de Milei se registra el impacto de su prédica, reconfigurando los horizontes de la derecha hacia una derecha popular y radical. Esto implica la posibilidad latente de que a futuro, en el mediano plazo, la masiva adhesión que en la actualidad conquista su prédica libertaria logre ser fidelizada y activada en la dirección de un proceso de redefinición autoritaria del sujeto y los alcances de la democracia[56].

 

3. Reflexiones finales

Repasando algunas de las principales fortalezas del libro que coordina Semán, es indudable el esfuerzo analítico e intelectual de los autores para intentar dar cuenta de los factores concretos que hicieron posible el surgimiento, fortalecimiento y éxito electoral de Milei y de su espacio político. Se señalan factores económicos y políticos, de mediano y largo plazo, que explican el actual escenario político.

La imposibilidad de las dos grandes coaliciones políticas (Juntos por el Cambio y el Frente de Todos) que, con sus diferentes denominaciones, dominaron gran parte de la escena política argentina en el siglo 21, para dar respuesta a una serie de demandas que se fueron acumulando a lo largo de los años (la necesidad de mejorar los ingresos de las y los ciudadanos, controlar la inflación, el combate a la corrupción política y a la inseguridad, la necesidad de contar con un Estado más eficiente que pueda ofrecer una educación y una salud pública en condiciones plenas, etc), son la base explicativa del surgimiento y de la posterior consolidación de una personalidad como la de Milei y de su espacio político. El libro hace un recorrido detallado de esta situación desde diferentes ópticas, marcando el hecho de que la pandemia aceleró un proceso de desprestigio del sistema político y del modelo económico, del Estado y de los partidos políticos hegemónicos, que se venía gestando desde hace varios años.     

También, es un gran mérito del libro ofrecer una explicación de cómo el libertarismo se fue construyendo con paciencia desde posiciones marginales, tanto en el plano intelectual como en el político, hasta aprovechar los errores y falencias de las principales fuerzas políticas, y asumir posiciones de protagonismo.

Ahora bien, en primer lugar, la publicación subestima bastante los vínculos de Milei y de su espacio político con los grandes medios de comunicación, en particular con el grupo Clarín, La Nación y América. Estos medios de comunicación potenciaron fuertemente la construcción del actual presidente y le dieron muchísima visibilidad, permitiendo primero su conocimiento y luego su lanzamiento como candidato a Diputado Nacional, en el 2021, y como candidato a presidente en el 2023. ¿Eso significa que la sola aparición sistemática de Milei en estos medios de comunicación explica sus posteriores triunfos electorales? De ninguna manera, pero la explicación debe incluir y comprender este importante factor de manera detallada.

Otro vínculo muy subestimado en el libro es el de Milei con las grandes empresas nacionales y extranjeras (no solo con los medios de comunicación que mencionamos anteriormente, sino con el sistema financiero, la gran industria y el complejo agro-exportador), que a medida que las batallas políticas se sucedían empezaron a tomar cada vez más en serio la posibilidad de que Milei asumiera como presidente de la nación. Después de todo, el fuerte ajuste en el Estado y en la economía planteado por el actual presidente, tiene más semejanzas con el programa económico de estos sectores que diferencias.

Sin el apoyo de los grandes medios de comunicación y del poder económico concentrado del país, es difícil pensar que Milei y su espacio político se hubieran impuesto, ya que dada la fragilidad de su construcción política necesitaba apoyos de peso para dar una disputa de las dimensiones que supone una elección presidencial en un país como Argentina. Nunca lo dejaron solo sino que cada vez lo fueron sosteniendo y respaldando más, mediática y económicamente, hasta que logró el inesperado triunfo electoral.

A la vez, está claro que con estos importantes apoyos no alcanzaba para ganar una elección presidencial, y ahí es donde el libro que examinamos nos ofrece otros elementos de análisis que necesitamos para comprender por qué esta fuerza logró un respaldo social mayoritario.

Por último, quiero señalar un tercer elemento subestimado por la publicación que analizamos: me refiero al gran condicionamiento que supone para cualquier gobierno tener que afrontar una deuda externa de la magnitud que dejó el gobierno de Mauricio Macri, de casi u$s 110.000 millones con acreedores privados y de u$s 44.000 millones con el Fondo Monetario Internacional, con la correspondiente intromisión de este organismo en las cuentas y actividad económica de los gobiernos. Un error garrafal del gobierno de Alberto Fernández consistió en no explicar con claridad a la sociedad la gravedad de este terrible condicionamiento económico y político que dejó el gobierno de Macri, situación que se tornó explosiva a partir de la irrupción de la pandemia. Efectivamente, la deuda tomada por el gobierno de Mauricio Macri marcó un punto de inflexión en la política y en la situación económica del país, porque a partir de ese momento el margen de acción de los gobiernos y del Estado se redujeron notablemente. Pensemos siquiera lo que implicaría en este mundo globalizado e interdependiente una cesación de pagos en nuestro país. Pero el libro que analizamos no dice nada de todo esto, y en reiteradas oportunidades se pone en un plano de igualdad el gobierno de Mauricio Macri con el de Alberto Fernández.

Creo que un análisis que pretenda construir las herramientas analíticas para comprender de manera integral lo que está sucediendo en nuestro país debe considerar el vínculo del actual gobierno con los grandes medios de comunicación y con el poder económico concentrado, así como el problema de la deuda externa.

Al mismo tiempo, la construcción de la alternativa política que necesitamos debe contemplar necesariamente, además de la fiel representación de los intereses de los sectores populares y de toda otra serie de cuestiones que no hacen a los objetivos de estos apuntes, qué tipo de relaciones se establecerán con los grandes medios de comunicación y con el poder económico concentrado, y a la vez, cómo se abordará el problema de la deuda externa y la relación con el FMI. Son problemas centrales, que no admiten dilaciones ni atajos intelectuales ni políticos. Alberto Fernández fracasó por, entre otras cuestiones, haber subestimado estos problemas, por lo tanto, deben ocupar un lugar importante en nuestros análisis y en nuestra propuesta política.

Llegamos al final de estos apuntes, quiero agradecerte por haberte tomado el tiempo para leer y reflexionar conmigo. Sigamos pensando colectivamente, generando espacios de debate y de toma de decisiones. Sobre todo, vayamos apuntalando la resistencia efectiva de masas y la construcción de la alternativa política a este gobierno de extrema derecha, en el plano de la acción y de la intervención política.

 

 

Referencias Bibliográficas

 

Grimson, Alejandro; coordinador. 2024. “Desquiciados. Los vertiginosos cambios que impulsa la extrema derecha”. Siglo Veintiuno editores. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Semán, Pablo; coordinador. 2023. “Está entre nosotros. ¿De dónde sale y hasta donde puede llegar la extrema derecha que no vimos venir?”. Siglo Veintiuno editores. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Stefanoni, Pablo. 2021. “¿La rebeldía se volvió de derecha? Cómo el antiprogresismo y la anticorrección política están construyendo un nuevo sentido común (y por qué la izquierda debería tomarlos en serio)”. Siglo Veintiuno editores. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

Notas al pie

[1] Al respecto véase Stefanoni (2021).

[2] Véase Semán (2023).

[3] Al respecto véase Grimson (2024).

[4] Pablo Semán es sociólogo y antropólogo. También es investigador principal del Conicet y profesor del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad de San Martín.

[5] Semán (2023: 13).

[6] Ídem, 16.

[7] Ídem, 16.

[8] Ídem, 17.

[9] Ídem, 17.

[10] Ídem, 18.

[11] Ídem, 18.

[12] Ídem, 18.

[13] Ídem, 19

[14] Ídem, 19.

[15] Ídem, 20.

[16] Ídem, 21.

[17] Ídem, 27.

[18] Sergio Morresi es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires y Doctor en Ciencia Política por la Universidad de San Pablo. Martín Vicente es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires e investigador del Conicet.

[19] Semán (2023: 44).

[20] Ídem, 61.

[21] Ídem, 64.

[22] Ídem, 65.

[23] Ídem, 66.

[24] Ídem, 73.

[25] Melina Vázquez es socióloga, Investigadora del Conicet y profesora de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

[26] Semán (2023: 81).

[27] Ídem, 82.

[28] Ídem, 92.

[29] Ídem, 107 y 108.

[30] Ídem, 116 y 117.

[31] Ídem,118.

[32] Ezequiel Saferstein es sociólogo, magíster en Sociología de la Cultura por la Universidad Nacional de San Martín y Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Es también investigador del Conicet y docente universitario.

[33] Semán (2023: 124).

[34] Ídem, 132.

[35] Ídem, 133.

[36] Ídem, 135.

[37] Ídem, 137.

[38] Nicolás Welschinger es doctor en Ciencias Sociales y licenciado en Sociología por la Universidad de La Plata. También es investigador del Conicet y docente de Sociología.   

[39] Semán (2023: 165).

[40] Ídem, 167.

[41] Ídem, 174.

[42] Ídem, 181.

[43] Ídem, 182.

[44] Ídem, 183.

[45] Ídem, 184.

[46] Ídem, 185.

[47] Ídem, 186.

[48] Ídem, 186.

[49] Ídem, 187.

[50] Ídem, 190.

[51] Ídem, 191.

[52] Ídem, 191.

[53] Ídem, 192.

[54] Ídem, 195.

[55] Ídem, 199.

[56] Ídem, 199, 200 y 201.